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Estado fallido

Entre los Fénix y Los Cabos

Susana Moscatel

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La prensa de cine y televisión cada vez tiene más canchas que cubrir, más plataformas que recorrer y más personas con las que hablar. Me imagino que si para nosotros es una labor titánica ver todo, para el público natural de tantas películas, series y contenidos nuevos en general es imposible.

Todo está pasando al mismo tiempo. Y anoche fue literal. Ya fuera por cuestiones de presupuesto de gobierno y cambio de sexenio o simplemente planeaciones con poca comunicación, muchos tuvieron que decidir si estar presentes en los premios Fénix, que proyectan lo mejor de los contenidos hispanoamericanos, o con el festival de cine de Los Cabos.

Ambos tuvieron su alfombra roja exactamente al mismo tiempo. Muchos tuvieron que tomar una decisión a qué darle prioridad. Logística. Invitados. Y al final del día, ¿cuáles son los trabajos que se quedarían en la mente del público que eventualmente los acabará viendo?

Así pasó con los tiempos y así es la realidad del entretenimiento en tiempos en los que lo internacional genera historias locales que pueden ser vistas en cualquier momento. Ya sea cine o serie, ahí están.

Así que el hecho de que hoy tengamos un congestionamiento de declaraciones respecto a buenos proyectos de todo tipo es una buena metáfora sobre lo que está pasando cuando decidimos qué queremos ver en nuestro entretenimiento.

No, ya no vivimos en los tiempos en los que podemos jugar a la campaña Netflix/Blim o “Tú tan premio Oscar y yo tan TvyNovelas”.

Realmente hay que hacer un trabajo profundo para encontrar las cosas que valgan la pena. Obviamente habrá excepciones, como el caso de Roma, de Alfonso Cuarón, que aún no se estrena y todo el mundo literalmente está hablando de ella. Pero no, hay que buscarle.

Así que mientras que los Fénix, que compiten con los Platino por esta tan interesante idea de promoción del cine iberoamericano están a todo, en Los Cabos se trabaja para que el territorio mexicano sea uno más fértil para lo experimental (a veces no tanto) de otros lugares. Hay mucho que ver. Mucha gente que entrevistar. Y realmente, nunca hay suficiente tiempo para todo lo bueno que se está produciendo. Pero de que está, está. Ya nadie tiene que conformarse con algo que no le gusta. Si lo ven, es porque quieren.

¡Qué alguien me explique!

¿Por qué nos ponemos tan mal los “no millenials” al darnos cuenta que de pronto ellos también son fans de Freddie Mercury y Queen por una película? ¿No es mucho mejor eso a que todos los artistas suenen exactamente igual estos días porque saben que sin “género urbano” no van a vender?

¿No queremos recordarle al mundo que los genios musicales sí pueden cambiar todo para siempre? ¿No queremos compartir?

Twitter: @SusanaMoscatel

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