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Jueves , 21.06.2018 / 15:37 Hoy

Estado fallido

El Tony ante la tragedia

Susana Moscatel

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"En nombre de toda la comunidad teatral y cada persona en esta sala, nuestros corazones están con todos los afectados por esta atrocidad. Todo lo que podemos decir es que no están solos. Su tragedia es nuestra tragedia. El odio nunca debe ganar. Juntos debemos asegurarnos de ello. El show de esta noche se sostiene como un símbolo y celebración de ese principio".

Con esas palabras James Corden inició la ceremonia de la entrega de premios más hermosa, incluyente y emocionante de muchos, muchos años. El día que se entregaron los premios Tony 2016 el mundo amaneció con la tragedia de una asesinato masivo, acto de terrorista y de odio en un bar gay. No hay que ser políticamente incorrectos para poder decir que esta tragedia pegó en especial fuerte y cerca en la comunidad de teatreros del mundo entero. ¿Cómo continuar con el show? Pues así, celebrando la diversidad, la cultura y la euforia que las grandes puestas en escena nos contagia de una manera irrevocable.

Más allá de todos los premios que se llevó Hamilton el musical (de verdad muy merecido, a pesar de que era un año de grandiosa competencia por primera vez en años) la reacción y el soneto/rap que escribió Lin-Manuel Miranda, el creador y (aún) protagonista del musical de la década (hasta ahora) nos llevó donde nuestros sentimientos merodeaban. "El amor, que es amor, que es amor que es amor que nadie podrá matar".

Y bueno, el extraordinario y hermoso ser humano que es Frank Langella, rindiendo tributo no solo a las víctimas de Orlando de la forma más hermosa, sino también a su hermano. En The Father, el actor interpreta a un hombre que sufre el ya no poder recordar, la senilidad, el alzhéimer. Profundamente conmovido dijo que era una ironía como su hermano sufría ahora mismo lo que él mismo interpreta cada noche sobre el escenario. ¡Wow!

Claro, hubo momentos espectaculares y sí, de fiesta. Como ver a Steve Martin competir contra Sir Andrew Lloyd Webber, Sarah Bareilles y Lin-Manuel Miranda de Hamilton. Una categoría de ese calibre y variedad solo nos habla del renacer de lo que por varios años fue un Broadway decaído y lleno de musicales seguros y de poco riesgo. Pero el amor a la creación escénica parece estar renaciendo y así se vivió esta noche.

Las salidas a corte con los elencos de las puestas en escena nominadas cantando fragmentos de otras obras fueron pequeñas joyas de colección. Y aunque las obras que estaban nominadas como reposiciones (Violinista en el Tejado, mi eterna favorita) quedó más que claro que hay una nueva generación que busca hacer teatro nuevo y diferente. Lo cual ya era más que urgente. Y por supuesto, las generaciones de antes renovándose a lo grande, como el caso de Andrew Lloyd Webber con la fantástica School of Rock.

No acabaría. Pero vale la pena resaltar el grito y el aplauso del público cuando durante la presentación de Hamilton, él y Lafayette dicen en su hip-hop: "Inmigrantes, cumplen con lo que hay que hacer". Y la obra trata de que nació Estados Unidos.

Solo un pequeño recuerdo más. ¿El gran dulce de la noche? La comedia política, que no predominó, pero fue fina y exacta. Donald Trump protagonizando The Book of Moron (el libro del idiota en lugar del libro del los mormones) y Hillary Clinton cantando las líneas de A Chorus Line, "I Really Need this Job" (realmente necesito este trabajo) en voz de la brillante Glenn Close.

La siempre adorada presencia de la más grande de todas. Y hablo de un teatro que contenía a las divas de las divas, de las divas (incluyendo a Oprah).

Barbra Streisand regresó a los Tony para presentarle el premio a Hamilton y recordarnos cómo el arte también sirve para consolar en tiempos como estos.

Muy propio siendo que sin duda estamos hablando de un musical de esos que solo ocurren una vez cada década cuando nos va bien.

Twitter: @SusanaMoscatel

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