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Martes , 11.12.2018 / 23:39 Hoy

Estado fallido

El revolucionario acto de ‘dejar Twitter’

Susana Moscatel

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Ahora fue la actriz Selma Blair (Legally Blonde) quien después de sus intentos de defender a su amigo James Gunn, director de Guardianes de la Galaxia, decidió que la plataforma era demasiado agresiva para permanecer en ella. Y en cierta forma tiene razón, pero lo que me preocupa terriblemente es el caso, uno tras otro, de que muchísimos de los que dejan la red social del pajarito precisamente lo hacen por esa razón. Están migrando o solo se están quedando con Instagram (y quizás un Facebok muy controlado).

Ahora, no tengo nada contra Instagram. Es lindo ver fotos de la gente que quieres y admiras. Hay cosas muy divertidas y sexies e interesantes, pero el problema es lo siguiente: La plataforma es exitosa en este y otros casos, porque realmente no depende de palabras o ideas para generar un mensaje. Fotos. Una tras otra. Desechables. Olvidadas en un segundo. Como muchas cosas estos días.

No estoy diciendo que Twitter sea Tolstoi, ni nada por el estilo, y claro que los bots y la gente que no tiene nada que hacer más que insultar, tiene ahí el mejor ambiente del mundo para desarrollarse. Pero cuando empezamos a ver cuántas personas famosas, cuántos de nosotros, seres normales, decidimos ni asomarnos por ahí debido al hastío y la agresión que se vive diariamente, me pregunto si estamos siendo muy revolucionarios al decir, como lo hizo Selma y como lo han dicho tantos, como Justin Bieber, Sam Smith y hasta Kanye West (ése sí se gana muchos de los insultos) o simplemente no estamos asumiendo que el mundo ya cambió.

Es la vieja pregunta filosófica. “Si cae un árbol en el bosque y nadie lo escucha ¿realmente cayó?” Lo mismo aplica: “Si alguien me insulta en Twitter y no me enteré, ¿fui insultada?”. Revisando este tema me encontré con docenas y docenas de artículos de personas alrededor del mundo que aseguran que dejaron las redes sociales, no como un acto de rebeldía, sino como una batalla por su salud mental, y nunca se han sentido mejor.

¿Será posible que si seguimos dándonos todos con la cubeta por cualquier motivo esa acabe siendo la conclusión? Seguiremos a los puristas, algunos que ya ni el teléfono contestan si pueden evitarlo. Yo sé, de hecho, que las dos semanas que fui troleada a muerte después de un mal chiste en televisión abierta hice lo posible por desconectarme (hasta donde mi trabajo me lo permitió) y, sin duda, me sentí mejor. Pero también extrañé el gran sentido del humor de muchos a los que sigo, los grandes consejos de otros, los reencuentros, poder comentar con la gente nuestro trabajo y sí, claro, stalkear levemente al hombre que me gustaba en esos tiempos (finalmente nuestra amistad brincó de las redes a la vida real).

Así que por más que los artistas estén hasta la coronilla de las estupideces que deben leer, hay de todo y para todos. Pero sí me queda claro que los que se dedican a odiar siguen desempleados y con buen wifi, cada día este ecosistema se está volviendo más toxico e innecesario. Y eso que ya acabaron las elecciones. ¿Ustedes se quedan en Twitter?

Twitter: @SusanaMoscatel

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