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Estado fallido

El odio no es negociable

Susana Moscatel

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Disculpen si en este espacio, que generalmente está reservado para el entretenimiento, tenemos que entrar a temas tan escabrosos como los racistas, supremacistas blancos, nazis el Ku Klux Klan y el presidente que los apoya.

Vivimos rodeados de odio en el mundo entero y nuestra cercanía a Estados Unidos, particularmente en los días que tenemos que renegociar el Tratado de libre comercio, por ejemplo, no nos puede ser muy ajeno. Pero va más allá. ¿Ustedes creen que la gente en Francia o en Londres antes de la segunda guerra mundial debía quedarse callada respecto a Hitler por respeto a la soberanía de Alemania?

Una de las cosas interesantes que ocurrieron esta semana fue que la gente que se enojaba cuando comparábamos las actitudes de Trump con los primeros discursos de Adolfo Hitler se han quedado sin argumentos. Su gran líder se ha dedicado, a manera de berrinche de niño de primaria, a equiparar a un grupo de nazis, portando esvásticas y gritando consignas contra latinos, judíos y negros al grupo de personas que estaban ahí para oponerse a ese mensaje. Una mujer de 32 años, que protestaba contra el odio murió. Trump no solo no se retractó, sino que reiteró que había personas buenas y personas malas en ambos lados. Nazis. Nazis. Nazis.

Ahora, esta información nos ha tenido a muchos sin dormir, pero afortunadamente a muchos más a tomar acción. Y retomando el tema de esta sección digamos cómo lo hizo el mundo del espectáculo. Los grandes comediantes nocturnos, como Kimmel, Fallon, Colbert, Seth Meyers… absolutamente todos, han hecho una pausa a la risa para decir: esto no es admisible. Fuera Trump. ¿Saben cuándo había pasado algo así en la historia del entretenimiento? ¡NUNCA!

No acabaría con los ejemplos. Michael Moore y Mark Ruffalo encabezando una protesta en contra de tan descarado racismo en las calles de Nueva York. Lady Gaga haciendo encuestas sobre qué tan racista es el presidente. Mark Hamill, como todo un Jedi, publicando una foto de la Estatua de la Libertad tapándose los ojos de la vergüenza y diciendo “deberíamos avergonzarnos”. Michael Keaton diciendo: “Si cada 10 minutos que pasa la gente viendo reality shows (The Bachelor) los usaran para remover a este tipo de su puesto, eso sería mucho. Los Republicanos cobardes y los Demócratas débiles no lo harán por ti”. Stephen King, el rey del terror: “El presidente de Estados Unidos es un racista. Jamás pensé que vería algo así”. Miley Cryus: “Sí no estás indignado, no estás prestando atención”.

El punto es muy sencillo. No toda historia debe tener dos lados. Si la segunda guerra mundial hubiese terminado distinto, Estados Unidos (y el mundo) sería otro. Muchos de nosotros no existiríamos. Trump se queja de que los que protestaban contra los supremacistas blancos querían cambiar la historia, porque quieren quitar todas las estatuas de los Confederados, los grandes esclavizadores de los tiempos modernos. Argumenta que es parte de la historia de su país y que quitarlas estaría mal, pero parece que se le olvidó otro dato histórico que parecería un poco más obvio. Millones de personas perdieron la vida combatiendo a los nazis. A este tipo de odio. ¿Esa parte de la historia del mundo y de su país sí es debatible? ¿Se vale ignorar ese hecho?

Cada semana pasa algo y parecería que ya es la normalidad para muchos, pero en todo lo que va de este año, de esta presidencia, no había visto a tantas personas, de alto y bajo perfil, gritar a todo pulmón: Impeach Trump. Quítenle el puesto. Eso, señores, no es ni fake news, ni Hollywood odiando a un partido político. Es lo que hay.

Desgraciadamente, también hay millones, como David Duke, ex Grand Wizzard del KKK, quienes enseguida se sintieron felices y mandaron tuits de agradecimiento a Trump.

¿Qué sigue? Nunca había sido tan triste y peligroso un reality show.

Twitter: @SusanaMoscatel

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