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Miércoles , 12.12.2018 / 15:29 Hoy

Estado fallido

Cállenos la boca, por favor

Susana Moscatel

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Alguna vez tuvimos otro presidente quien habló sobre la libertad de expresión, y haciendo un ejercicio de memoria, ya después de 20 años en los medios, la verdad es que, en muchos niveles, al menos dentro de lo visible, sí cumplió. Solo que muchos de nosotros metimos la pata monumentalmente, porque más allá de entender la gran responsabilidad que caía sobre nuestros hombros, decidimos utilizarla para burlarnos, reírnos, ridiculizar y en gran medida, entorpecer aún más la comunicación entre la gente y el gobierno. Y no necesariamente, en todos los casos, por los temas importantes. La pregunta era muy sencilla: ¿Vale la pena el chiste si hace más daño que bien? y el otro cuestionamiento que me viene a la mente sería: la comedia que hicimos a modo de crítica, ¿sirvió para mejorar algo? ¿Nos hizo mas libres? ¿Se condujeron con más rectitud los políticos?

Eso fue hace ya varios ayeres. Era lógico que íbamos a enloquecer, sobre todo los que nos dedicábamos al entretenimiento en los medios. Digo, veníamos de un mundo en donde los conductores más prolíficos de Televisa decían abiertamente en eventos empresariales que “serían soldados del PRI”, porque así lo dictaba “su casa”. Muchos sentíamos una mezcla de repulsión por semejante servilismo y, aunado a nuestro deseo de ser divertidos e incluso un contrapeso, todo se desbordó. Claro, el día que el PRI regresó al poder eso cambió. Volvimos exactamente a lo de antes. Aunque ya no era algo que se pudiera controlar, considerando las redes sociales y los cambios en el mundo de la tecnología y la comunicación. ¿Pero en los medios electrónicos grandes? ¿En la comedia masiva? Usted dirá. En uno de los cien puntos de los que AMLO, presidente, habló el sábado mencionó por nombre a Carmen Aristegui y José Gutiérrez Vivó. Ambos, sin la menor duda, lideres de opinión, voces que hablaban por millones y sin duda periodistas con una convicción clara y contundente. Las aristas de sus partidas del aire, sin embargo, fueron mucho más complejas que una simple orden desde presidencia. Lo sé porque estaba ahí. Y esa parte de la historia también debe ser entendida, porque simplificar las cosas demasiado no ayudará en nada para que no se repitan. Lo cierto es que, en esos ayeres, los que estábamos al aire, en la radio en particular, no teníamos a nadie diciéndonos que no molestáramos a AMLO. Claro, había radioescuchas con fuertes voces de oposición cuando reíamos en los tiempos de “cállate, chachalaca” y mil ejemplos más. Pero libres… libres éramos. Hoy, disentir te hace oficialmente un “vendido”, “traidor a la patria” y mil cosas peores. Disentir con argumentos es para los valientes hoy. Y los hay. Espero que ellos, como nos prometió AMLO, sigan al aire. Eso depende de todos. De los empresarios, anunciantes, gobierno y en especial de los ciudadanos en general. Vamos para adelante con nuestra realidad. Como varios han dicho, yo también le tomo la palabra, Sr. Presidente. Y como todos debemos, buscaré hacer lo más propositivo que se pueda con esa libertad de expresión. Todos queremos el bien para México y me uno a los que esperan que “nos calle la boca”. Pero jamás con un ambiente que promueva la censura, sino cumpliendo para el país. Nosotros debemos hacer lo mismo.

susana.moscatel@milenio.com

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