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Estado fallido

Abuso y entretenimiento

Susana Moscatel

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Yo no sé ustedes, pero a mí me da un extraño ataque de culpa muy seguido cuando me descubro viendo series como La ley y el Orden, CSI o cualquiera de sus infinitas y siempre exitosas variantes. Hay momentos en que he cobrado conciencia, repentinamente, de que el entretenimiento que nos llevamos de ver estos programas requiere que veamos algún tipo de violación sexual o crimen violento para detonar la trama y de ahí a resolver, castigar (o no) a los responsables.

¿Por qué me entretiene esto? Me he preguntado una y otra vez. ¿Es el morbo natural humano? ¿Es el deseo de que se castigue al culpable? ¿Es la feliz realización que le está pasando a alguien más y no a mí? ¿Es la tranquilidad de saber que es ficción?

Pero el punto es éste: no siempre es ficción. Mientras que muchos de esos casos pueden ser inventados una gran cantidad de ellos son basados en temas de la vida real. Y no, no tienen la menor intención de crear conciencia, evitar crímenes o apoyar a las causas sociales. Son entretenimiento que deja y deja bien en rating y dividendos.

Entonces, ¿qué pasa? Que la industria se da cuenta de que no es solo en la ficción donde nuestros más profundos morbos son materia de explotación y éxito en los números. En todos los formatos posibles. Por ejemplo: ¿se enteraron ayer que Kevin Clash, el hombre encargado hasta hace algunos años de manejar a Elmo y quien fuera acusado de abuso sexual a menores fue absuelto? Tal vez sí, tal vez no, porque a diferencia de cómo se presentó la nota original, solo se le brindaron pequeños espacios, definitivamente no titulares, a la noticia de ayer. No vende decir que “siempre no”. Cada quien tiene una versión de lo que pasó en su cabeza y es casi imposible hacer que la gente cambie de opinión. ¿Los hechos? Estorbosos pedacitos de información que de vez en cuando se cruzan por nuestro camino.

Y ahora el fenómeno ha llegado a nuestro cine. Pronto veremos Obediencia perfecta y más adelante Gloria. Dos películas basadas en casos que saturaron las noticias por años (la primera después de demasiado tiempo, obstáculos y consecuencias) y de las cuales la gente ya tiene una opinión más que formada. No son documentales. No son versiones oficiales de nadie. ¿Qué son? ¿Denuncia? Las verdaderas denuncias ya han sido hechas. ¿Servicio social? Interesante pero inverosímil interpretación. ¿Entonces? Son, finalmente, entretenimiento. Intenso y macabro (sobre todo en el caso de Maciel) y sin duda interesante. Pero entretenimiento al fin.

¿La gente verá las cintas como un testimonio? ¿Para ver como se hace una versión cinematográfica de lo que claman como justicia? ¿Para revivir lo que vivimos una y otra vez en los programas y noticiarios? Es un interesante fenómeno, no del todo lejano a la razón por la que series como las mencionadas anteriormente son tan exitosas. Y también es una gran responsabilidad, ya que las víctimas de esas historias en la vida real siguen presentes, conscientes y más que claras en lo que ellas vivieron de verdad. No en el entretenimiento.

¿En serio?

¿Miley Cyrus en la lista de las personas más influyentes del mundo según la revista Time? ¿No podían dejarnos gozar que Alfonso Cuarón estuviera en esa lista antes de darle en la madre a la misma ellos solitos?

susana.moscatel@milenio.com

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