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Martes , 11.12.2018 / 12:19 Hoy

Crónica

Blues y Fuerza del Centro

Susana Iglesias

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La música posee una belleza que supera el horror. Un querido amigo me decía hace unos días —con justa razón — que la ciudad no debería ser una eterna nota policiaca. La ciudad tiene demasiados espejos, diversas narrativas, nunca es la misma. Mientras un desesperado jefe de Gobierno miente diciendo que ha desarticulado a la banda más delictiva de la ciudad y que las cifras criminales van a la baja, una maleta lo desmiente, esta semana apareció otra niña dentro de una en la conflictiva unidad Nonoalco Tlatelolco. Me gustaría contarles todo lo que vi y escuché acerca del caso, será después o tal vez nunca. Ahora me da por recorrer la ciudad de noche en motoneta, un deporte extremo, a la policía le encanta detenerte, el peligro acecha en las avenidas, la música en los audífonos siempre ayuda para afrontar el miedo. Los fines de semana, hasta el callejón Marconi, una voz resuena, proviene de la calle de Tacuba, a veces la cancioón de La Grange, de ZZ Top, o una de The Doors, es el grupo Blues y Fuerza del Centro.

No recordaba la primera vez que los escuché, no fue en Motolinía, tampoco en Filomeno Mata, ¿la Alameda? no, los escuché en aquel local de Coyoacán llamado: Séptimo, en la calle Presidente Venustiano Carranza. Buscábamos la mejor pizza de la ciudad, una que nos recordara aquella estilo napolitana de Lombardi’s en New York. Era tu cumpleaños, no olvidé esa voz. Ahora la calle de Tacuba luce desierta, horas antes el bullicio era evidente. Personas de todas las edades cantando, otras bailaban mientras una rubia delgadita sosprendía a todos, de ese pequeño cuerpo surgía una voz animal, salvaje, de gran cadencia que acariciaba la calle, una mujer posesa en ese viaje llamado rock and roll. El micrófono no le hacía justicia alguna, cantaba Hit The Road Jack. La voz aterciopelada de Bubba Barsant que aguardaba su turno para cantar. La mujer bailando para sí misma, ausente de lo que le rodeaba, no está drogada, su forma de interpretar, de moverse, representa una época. Ella era como el fantasma de Ray Charles, por un momento tal vez estábamos en 1961. Es difícil encontrar una voz no-plástica, el rock actual es un negocio transnacional de voces demasiado aburridas. La noche desliza su sueño en los escalones de la estatua del Munal, pienso en la decepción de Pixies en el Zócalo capitalino, el concierto me hizo sufrir, mal sonorizado, rodeada de “rockeros” con look hip-hop. Black Francis o Black Frank fue uno de mis héroes cuando fui joven, una vez lo vi en un aeropuerto californiano, sobra decir que enloquecí. Una banda misteriosa, las generaciones actuales no entienden a Pixies, me quedó claro en el concierto.

La pobreza del cartel, ¿qué hace un grupo como Maldita Vecindad (no importa si apareció en un día diferente) en un festival con una verdadera banda como Pixies? ¿Por qué pusieron a Titán en el cartel? La decepción más grande: los policías extorsionando cerca de la calle de Guatemala y en Madero a jóvenes que fumaban mota, cuando los verdaderos criminales, los que la venden, se esconden a una calle del Zócalo: Brasil. Por la tarde, el olor a copal inundaba la plaza mezclándose con la danza de la rubia, la banda de blues los fines de semana es la diversión de personas que no tienen para comer un sándwich en la Maison Kayser o tomar una cerveza en el pretencioso Salón Corona o sentarse en Limosneros. Alguna vez Tote, Billi y yo llegamos a la Maison Kayser, ellos estaban de parranda, pasaron la noche en no sé qué bares, me llamaron, yo estaba sobria, los recogí en Eje Central, caminamos, me tomé la primer cerveza con ellos a las ocho de la mañana en aquel local en el que acribillaron personas los mariachis sicarios el pasado 15 de septiembre, hasta la fecha me pregunto si estamos tocados por alguna especie de suerte, nos hemos salvado de muchas.

En medio de discusiones políticas absurdas extrañamos a Alexis. Tote decidió comprar una rockola en República de Cuba para el lobby-bar de la casa de Billi, a él le gusta encenderla a veces y llamar a sus amigos para beber cerveza. Ha convertido en una especie de piquera garibaldiana el recibidor de su casa. Ese día permanecimos en la Maison K toda la mañana, caía la tarde, en algún momento, Billi tiró la decoración, empezó a bailar al escuchar a Blues y Fuerza del Centro tocar Smoke on the water, en uno de los pasos pateó sin querer aquella barda, las macetas volaron cayendo sobre nuestra mesa, los vasos de cerveza rodaron por el piso, los camareros reían a carcajadas mientras una familia llamaba a la policía. El policía que llegó estaba muy divertido escuchándonos, determinó que no estábamos faltando al respeto a nadie, que tan solo nos divertíamos sanamente, hasta estrechó la mano de Tote. Unas señoras panistas querían que nos echaran porque éramos unos asquerosos borrachos arruinando su desayuno familiar de fin de semana. Eran tres, rebasaban los 60. Una de ellas terminó acariciando a Tote en el pecho mientras le decía: gracias por disculparte, qué educado eres. Sonrío al recordar aquella mañana, inevitablemente regresamos a los sitios que nos dieron alegría, sentada en la plaza, a pesar de a soledad de la misma continúo evocando a la rubia y Bubba. Esta banda posee algo imposible de ignorar, son genuinos. Recuerdo sus palabras:“vamos, la gente que está en la calle, dejen de lamentarse, la música es alegría en la ciudad”, entonces ella pasó el micrófono a Bubba, que estallaba entre el bajo y la batería, aquella voz de tabaco y ginebra, de una noche en New Orleans. La canción terminó. Las personas gritaron frenéticos, entregándose a esa voz que les habla de un burdel llamado The House of Rising Sun, ese hombre habló de todos los que buscamos un poco de fortuna en este monstruo de ciudad que nos persigue hasta matarnos algún día. La multitud regresa a sus paredes. Las luces de Tacuba nos atraviesan, la calle desierta es el espectro de la soledad de sus habitantes, marco un número que no contesta, es hora de escuchar a The Animals en mi tornamesa. _

* Escritora. Autora de la novela Señorita Vodka (Tusquets)



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