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Martes , 20.11.2018 / 12:15 Hoy

En Plural

Una larga, larga transición

Sergio Villafuerte

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La mañana del 2 de julio pasado, entre la euforia electoral, las caras largas de los derrotados y la sorpresa de algunos candidatos que -hay que decirlo- no esperaban obtener el triunfo, una buena parte de la ciudadanía mexiquense no pudo escapar a la ilusión de que el cielo sería de otro color a partir de ese momento. 


Principalmente a nivel municipal, el impacto de un resultado histórico pareció obnubilar sobre el hecho de que, según el peculiar calendario político, a los nuevos ediles les falta ¡medio año! para tomar el control de sus respectivas comunas.


Cuesta trabajo digerir que los baches seguirán ahí en las calles, los malos servicios de agua y alumbrado, los cuestionados policías municipales, los cerros de basura... todo permanece en su sitio. 


Así que la gente tendrá que armarse de paciencia por otros seis meses, aunque seguramente será mucho más. Dicen que un pesimista es en realidad un optimista bien informado: no hay varitas mágicas y, salvo contados casos, vendrá otra vez la famosa curva de aprendizaje que históricamente toma todo el primer año de las administraciones municipales, principalmente ahora que tantos neomorenistas pagarán la novatada.


Pero este lapso se antoja, además de eterno, misterioso y lleno de preguntas. Los funcionarios municipales que saben que ya se van ¿se apresuran a reparar calles, a arreglar tomas de agua, a pagar deudas para dejar en orden las cuentas? ¿bajan la cortina y dedican su tiempo a visitar posibles futuros patrones en la iniciativa privada, o a hacer méritos para refrendar la chamba actual con los que vienen?


Y los que llegarán ¿qué hacen mientras tanto? ¿afinan planes de gobierno, plataformas políticas, programas comunitarios? (que, dicho sea de paso, se supone que ya deben tener elaborados, pues con esas promesas se postularon al cargo) ¿toman vacaciones mientras se frotan las manos y reclutan a todos sus conocidos? ¿se inscriben en cursos intensivos de administración pública para saber de qué se trata el asunto?


A pesar de que administrativamente estos trances están regulados por la ley, de pronto se vuelven tierra de nadie. Como esos vecinos de calles limítrofes a las que no atiende en sus necesidades ni un municipio ni otro, pues están justo en medio.


Valdría la pena que, los nuevos del Congreso, legislen sobre estos detalles y clarifiquen cómo debe ser la entrega-recepción para evitar sospechosos "arreglos" de última hora, acorten los tiempos del relevo y establezcan, de una vez por todas, la obligación de que quienes aspiren a un cargo en los ayuntamientos tengan al menos los conocimientos básicos para desempeñar su labor, porque cobrar del erario por un trabajo para el cual no se tiene capacitación, también es una forma de corrupción.

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