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Jueves , 19.07.2018 / 01:29 Hoy

En Plural

Nos vale el TLC

Sergio Villafuerte

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El 17 de diciembre de 1992 nuestro país marcó su destino para las próximas décadas. Aquel día, encabezados por el posteriormente "innombrable" Carlos Salinas, los mexicanos firmamos con Estados Unidos y Canadá el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. En el ámbito público, la firma o no del acuerdo era la batalla cumbre, el Armagedón entre el nacionalismo de los políticos y la globalización de los economistas neoliberales.

Pero la realidad es que ese acuerdo de tan gran envergadura, solo una élite se ocupó de conocerlo a detalle. Honestamente, casi nadie entendía bien a bien por qué eran importantes, o en qué consistían, los 23 capítulos divididos en 2 mil 206 artículos, con cientos de anexos... y así llegó 1994, y el TLC-Nafta entró en vigor aquel año en el que nuestro atribulado país se convulsionó afectado por la fiebre de la neoguerrilla, el magnicidio, la crisis financiera que tocó fondo en el error de diciembre.

¿Qué ciudadano promedio nos pondríamos a pensar en el comercio internacional? Estábamos buscando tortillas qué comer en lugar de estudiar a fondo, digamos, el Anexo 308.2 del artículo 318, correspondiente a la Sección E en el tercer capítulo del TLC, (que habla de las tasas arancelarias de nación más favorecida para determinados tubos de rayos catódicos para televisión a color. En serio)

Hasta en lo voluminoso, el tratado que en gringo se llama Nafta es una especie de versión financiera de la Biblia: juran sobre ella, argumentan en favor o en contra, es generadora de debates, pero... muy pocos la han leído completa.

Y no podemos culpar a nadie de ello. Al menos no a la población en general, a la que el gobierno de aquel entonces quiso hacer pasar de noche todo este asunto, dada dicha controversia (a veces pareciera que el actual va en la misma tónica). Encima, debemos reconocerlo, a esa población los medios de comunicación no solemos presentarle información tan indigesta.

Y sí, para allá voy: esto es, en resumen, un mea culpa.

En el contexto de la angustiante renegociación del tratado y con un energúmeno presidencial como (pésimo) vecino y socio sobre nuestra cabeza, nos percatamos que, si antes éramos una nación desinformada al respecto, hoy somos de plano macroeconómicamente analfabetas. Al gobierno le vale y tal vez hasta le conviene, y los medios de comunicación hemos prácticamente olvidado la tarea de llevar esta información, con su debida traducción, a las masas. Aunque hay por fortuna cada vez más especialización de periodistas en temas tecnológicos, científicos, culturales, jurídicos... los de temas económicos son garbanzo de a libra.

Han sido décadas de abandono informativo y ahora nadie tiene cara para reprocharle a la ciudadanía que el tratado, sus implicaciones, beneficios, riesgos en caso de que se derogue, ventajas de consumir nacional, y un largo etcétera, les valga un poco menos que gorro. Por decirlo decentemente.

Además de la difícil renegociación del TLC, 23 años después de su arranque, tenemos tarea pendiente... aunque seguimos persiguiendo la tortilla.

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