• Regístrate
Estás leyendo: Los protocolos que faltan
Comparte esta noticia
Miércoles , 19.09.2018 / 17:52 Hoy

En Plural

Los protocolos que faltan

Sergio Villafuerte

Publicidad
Publicidad

Este ha sido un país forjado en las tragedias, que a lo largo de su historia reciente lo mismo ha visto a sus pueblos y ciudades devastados por explosiones e incendios, que por huracanes, inundaciones y sismos. Pero la lección luego del funesto mes que casi concluye es que, después de todo, hay cosas al respecto que de plano aún no aprendemos.

Supongo que hace décadas fue tomado como de muy mal gusto mencionar desgracias que podrían ocurrir y, por una desidia supersticiosa, no se hablaba del "qué haríamos si...". Pero la dolorosa realidad de casos como el de San Juanico Ixhuatepec y el terremoto de 1985, en algún momento nos pusieron a pensar en que abordar esos supuestos no era ocioso.

Se desarrollaron desde entonces, poco a poco, procedimientos en casos de emergencia, se empezó a implementar y regular señalizaciones en espacios públicos para orientarnos en situación de sismo o incendio, se ensayaron las primeras alarmas.... en fin, comenzamos a investigar qué carambas era eso llamado Protección Civil.

Es obvio que nadie quisiera una catástrofe con iguales dimensiones de hace 32 años para, con cifras de fallecimientos en mano, comparar qué tanto hemos aprendido a autoprotegernos. Pero en teoría hay avances, ya hay protocolos que son el día a día de los habitantes de las grandes urbes en México, porque pues... uno nunca sabe.

Pero si bien siempre es la misma historia de desgracias, también siempre es la misma respuesta de la población con gestos solidarios y fraternos ante el dolor ajeno, que de tan cercano da miedo, conmueve y llama a la participación en apoyo a entrañables desconocidos.

Ahí es donde nos falta mucho camino por andar y aprender. No hay protocolos. La gente se vuelca a recabar donativos, casi siempre alimentos, vestido, medicinas, artículos sanitarios, herramientas... ahora, de moda, hasta comida para mascotas. Pero, ¿quién tiene un manual que nos indique qué hacer con todo ello? Gracias a la generosidad pululan los centros de acopio hasta en casas de vecinos organizados... ¿y después? ¿a dónde dirigir esta ayuda? ¿cómo canalizarla para su transporte y entrega segura? ¿dónde están las listas inmediatas de los lugares donde sería más provechoso lo que se ha donado? Aunque por fortuna son casos excepcionales, los vacíos en esa materia dejan el campo libre para algunos vivales.

Por eso convendría establecer en tiempos apacibles una ruta firme y clara para el ejercicio filantrópico en las crisis, que evite el desperdicio de los recursos, su desvío o acumulación en lugares que llegan a estar "saturados" de ayuda y la existencia de lugares a donde nada llega.

También, si no es mucho pedir para la utopía, sería maravilloso que se legislara para que las grandes empresas se vieran obligadas a otorgar precios preferenciales a quien de algún modo valide completamente el destino solidario de los productos que está comprando.

No es cosa menor, pues el riesgo es que la decepción e indignación sean otro sismo que derrumbe la fortaleza que se ha ido construyendo, improvisadamente, entre todos los mexicanos de buena voluntad.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.