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Domingo , 22.07.2018 / 12:15 Hoy

Lo políticamente correcto

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Es de todos conocido que desde hace cerca de dos décadas, los eufemismos se volvieron parte del discurso oficial, periodístico y social.

Lo políticamente correcto inunda los mensajes de los mandatarios y cualquier funcionario, las páginas de los diarios e incluso hasta los dichos de quienes se atreven a tomar la palabra para algún tema polémico frente a más de una persona, o que se avientan a decir "esta boca es mía" en las redes sociales.

Comenzando por las ya conocidas especificaciones de género ("mexicanos y mexicanas"), para lo cual las aclaraciones y puntualizaciones de la Real Academia les importa un cacahuate, y cacahuata.

Después fue la ocurrencia foxista de seguir cambiando los términos que por alguna extraña razón les parecían ofensivos, y de ahí surgió llamarle a los ancianos "adultos mayores", personas de la tercera edad y hasta el ridículo "adultos en plenitud".

Ni qué decir de los discapacitados (que no minusválidos, eso sí), a los que después la corrección política y las buenas conciencias (en público) motejaron como "personas con capacidades diferentes", pasando absurdamente por alto que todos sin excepción tenemos capacidades diferentes unos de otros. (En lo personal, por ejemplo, me confieso incapaz de resolver una ecuación matemática del grado que sea).

Todo eso se ha considerado como un avance en nuestra convivencia social pero, perdóneme que sea aguafiestas, esas formas finas que se oyen bien bonito, de cualquier forma no le han podido resolver gran cosa la terrible situación a los ancianos ni a los discapacitados en México.

Pero lo anterior viene a colación por este arranque de precampañas en curso, donde se destaca el desparpajado lenguaje del sempiterno aspirante a la presidencia de la República, adulto en plenitud y con capacidades discursivas diferentes, Don Andrés Manuel López Obrador.

Es la hora que no veo a los ciudadanos buenos y ciudadanas buenas protestando porque AMLO discrimina a sus rivales al llamarlos pushos, pirrurris y señoritingos.

El primer epíteto en razón de su color de piel, el segundo referente a su estatus socioeconómico y el otro vaya usted a saber en qué se basa, pero a mí me parece sexista, por decir lo menos.

De remate, cuando se refiere a "la esposa de Calderón", no hay quien alce la voz comparando eso con la vilipendiada frase de "la señora de la casa".

Ya quisiera ver la reacción popular si a algún otro candidato se le ocurriera incluir en su discurso las palabras prieto, naco, jodido o "poco macho" (de nuevo, por decir lo menos). Vendría un rasgadero de vestiduras sin fin.

Me parece adecuado, sin duda, la tolerancia y el respeto irrestricto al prójimo, sin distinción de raza, religión, preferencia sexual, situación económica... pero me parece vergonzosa la doble moral de muchísimos mexicanos que tienen diferentes raseros, según convenga en la ocasión.

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