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Sábado , 20.10.2018 / 18:48 Hoy

En Plural

La hora de debatir

Sergio Villafuerte

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Andrés Manuel López Obrador está en una disyuntiva más que pondrá a prueba su legendario carácter visceral e iracundo: el debate presidencial del próximo 22 de abril. La primera delicada decisión a tomar, será si asiste o no.

Teóricamente, este encuentro organizado por la instancia electoral oficial no es obligatorio, pero cualquier postura en torno a esto puede traer sus consecuencias.

Ya comentábamos aquí que una consigna básica de mercadotecnia política es que, si vas ganando, no debatas. No tienes nada qué ganar y sí mucho qué perder.

Así que bajo esa lógica, el tabasqueño podría sencillamente declinar su asistencia (argumentando algún malestar, que el encuentro es organizado por "la mafia en el poder", o sencillamente que viajó a la Ciudad de México en alguna aerolínea comercial y... pues no llegó)

Esto daría pie a una serie de especulaciones sobre su estado de salud, su disposición al diálogo, a su desdén a un ejercicio democrático, en fin... todas las que la estrategia de sus contrarios permita en esta guerra electoral en la que, como en el amor, todo se vale. Meade, Anaya, Rodríguez y Zavala lo tundirían en ausencia.

La otra posibilidad es que decida sí presentarse a debatir en este encuentro que, han adelantado, moderaría nuestra destacada compañera Azucena Uresti, junto con Sergio Sarmiento y Denisse Maerker.

El proverbial bombardeo de cuestionamientos es previsible, y siendo sinceros, más que los argumentos políticos llama más a la curiosidad si lograrán enganchar al iracundo pez gordo para que por su boca muera.

¿Podrán sacarlo de su esquema del amor y paz? ¿soltará algún improperio que le cobre factura de inmediato en las redes sociales y los medios de comunicación?

Lo cierto es que para ello se requieren dos condiciones: que encuentren el modo de agarrarlo "en curva" (más allá del gastado reclamo de su modo de vida sin un salario formal durante tantos años) y, segundo, que quien se lo diga lo haga de un modo convincente.

Quizá es el momento oportuno para que el mayor interesado en "bajarle" puntos, José Antonio Meade, se muestre verdaderamente enérgico, firme, quizá hasta enojado, lejos de la imagen bonachona que no ha prendido entre los votantes. ¿Será mucho pedir?

Si el que toma la batuta en la campal antipejista resulta ser Jaime Rodríguez "El Bronco", solo vendría a confirmar la sospecha generalizada de que lo mandaron como golpeador (aún sin las mínimas posibilidades reales de ganar la presidencia) y exhibiría al resto como pusilánimes incapaces de poner a Andrés Manuel López Obrador en su lugar.

Olvidémonos de los temas que en teoría abordará el debate (política y gobierno, combate a la corrupción, seguridad pública y democracia ) de eso, de manera seria, por desgracia veremos muy poco y nada nuevo.

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