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Viernes , 21.09.2018 / 03:23 Hoy

En Plural

La conyugal campaña electoral

Sergio Villafuerte

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Pienso que el privilegio de ejercer la profesión periodística debe regirse, entre otros, con un criterio de profundo respeto a la vida personal de los actores públicos, de cualquier ámbito.

Me parece deleznable "hacer nota" de cuestiones estrictamente íntimas: preferencias, conductas, conflictos o situación familiar e incluso temas de salud, de adicción u otros.

Sin embargo, particularmente para los personajes de la política, parece una buena idea tratar de sacar provecho al combinar su desempeño público con asuntos personales.

Si de ellos parte, entonces su círculo social y familiar de algún modo se torna de conocimiento e interés público. Se vuelve, y lo lamento, materia periodística.

Su pragmatismo los hace exponer a sus parientes, tratando tal vez de lograr empatía con la gente para persuadir, impactar o convencer de que son terrenales, humanos y sensibles.

Resulta lógico para cualquier estratega de campaña de medio pelo que le eche un vistazo a las estadísticas: la abrumadora mayoría de los votantes potenciales son mujeres y jóvenes, de ahí el tratar de proveerlos de una figura con la cual se identifiquen.

Estoy absoluta y sinceramente convencido de que hombres y mujeres tienen exactamente las mismas capacidades, potenciales y talentos. En lo que sea.

Lo cierto es que es evidente la descarnada utilización del cónyuge, ajeno a la política, para teatrales apariciones en busca de votos.

El primer caso es el de Andrés Manuel López Obrador, que ya sabemos, ha hecho de sus vástagos operadores y herederos potenciales de su partido, pero gracias a la exposición mediática también figura cada vez más Beatriz Gutiérrez Müller, su esposa, de quien ahora sabemos es una intelectual, comunicóloga de la UAM, que le gusta la cantada y tiene ciertas dotes oratorias que ha estrenado en campaña.

Pero ya paga el precio de fungir como refuerzo, pues ya tiene hasta sus propias noticias falsas: la han acusado absurdamente de ser nieta de un genocida alemán, por ejemplo.

Por su parte, José Antonio Meade cuenta a su lado con Juana Cuevas, economista por el ITAM que debutó en la escena pública con una "casual" foto comprando jitomates, o algo así.

Ya en papel de activista, ella apoya a su marido haciendo campaña juntos o por separado. Las redes sociales, sobra decirlo, la han tratado de despedazar en todos los tonos posibles.

El caso de Carolina Martínez Franco, administradora de empresas egresada del ITESM y esposa de Ricardo Anaya, puede resultar emblemático.

No sale mucho en la foto en actos de campaña, pero saltó a la fama por vivir en Atlanta, pues en aquella latitud estadunidense llevaba a sus vástagos al humilde High Meadows School.

Luego del escándalo que esto provocó, para la patética actuación y la política absolución, Anaya decidió publicar en redes sociales la "selfie" tomada mientras llevaba a su hijo Mateo a una escuela (se asume que ya en México).

En detrimento del menor que él mismo expuso, los "memes" fueron de antología.

¿Para todos, habrá merecido la pena esta estrategia de que en la guerra y en el amor todo se vale? ¿Su círculo familiar será el mismo después de la aventura electoral y podrán volver luego, sea cualquiera el resultado, a su íntima tranquilidad?

Margarita Zavala es caso aparte. Tal vez quisiera borrar del imaginario popular a su marido el ex presidente.

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