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En Plural

CUESTIÓN DE SEGURIDAD NACIONAL

Sergio Villafuerte

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Las preocupantes escenas que hemos visto en la última semana en varios estados del país, incluyendo por supuesto nuestra entidad, y ahora también en Ciudad de México, pueden ser solo una grave advertencia de la vulnerabilidad de la seguridad nacional en el flanco de la suficiencia energética.



Es de manual básico que, en un escenario de conflicto, se resguarden militarmente las instalaciones principales que abastecen de energía al país, como refinerías, ductos y almacenes de hidrocarburos, además de centrales eléctricas (se hizo en el levantamiento armado del EZLN en 1994 y posteriormente en el conflicto por la aniquilación de la Compañía de Luz y Fuerza). Precisamente porque cualquier afectación al funcionamiento de estos sitios, comprometería gravemente a la nación en muchos aspectos.



Una amarga prueba de ello ha sido ahora el daño colateral por la declarada guerra contra los huachicoleros de alto y bajo nivel (¿el típico pleito sexenal para legitimar poder?) en la cual, por otra parte, se mostró una torpeza inaudita al “golpear al enemigo” sin considerar las consecuencias inmediatas.



Y ahí tiene usted, que por las prisas de mostrarse implacables, hemos presenciado y sido parte de largas filas en gasolineras y una incipiente inmovilidad de la población que ya ha dejado ausentismo laboral y escolar. Y, de seguir así la situación, sólo es el principio.



No es mi papel el de agorero del desastre, pero los focos rojos están encendidos. Podría seguir una parálisis en el transporte público de pasajeros, aéreo y terrestre, una limitada capacidad de patrullajes policiacos y de respuesta de cuerpos de emergencia en ambulancias.



Ya encarrerados en nuestra miniapocalipsis, habría serios problemas para abastecer agua en algunas zonas (recordemos que muchos pozos funcionan por bombeo impulsado a diésel o gasolina), además de graves dificultades para transportar alimentos básicos, con el respectivo encarecimiento y depauperación del nivel de vida de aquellos pobres a los que el flamante gobierno federal puso por delante en sus prioridades.



Mejor sería dejar hasta ahí el pesimismo, dejar el terreno del caos e ingobernabilidad que podría ser y entrar a lo que debió haber sido: ¿Nunca consideró estas consecuencias el líder máximo del gobierno? ¿Lo habrá, ya no diga consensuado, al menos comentado con los gobiernos estatales? ¿Tenían un mapa de ruta con fechas definidas, o la crisis les estalló en la cara mientras jugaban al amo de las válvulas?



Por seguridad nacional, por el bienestar del pueblo que en gran medida confió en ellos, espero sinceramente que el gobierno federal sepa muy bien lo que está haciendo, a pesar de los indicios en contrario.

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