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Viernes , 17.08.2018 / 01:33 Hoy

Entre esferas

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Conversaban las esferas que habían estado adornando los pinos navideños, ellas habían sido desechadas y tiradas a la basura, después de que prestaron el servicio de decoración durante la Navidad, el Año Nuevo y el día de Reyes, y que sus patrones decidieron desecharlas porque ya no eran dignas ni bellas de volver a repetir la escena la siguiente Navidad.

Una de ellas, la roja grande de cristal, comprada en “Chignahuapan, el pueblo mágico de las esferas ubicado en Puebla, Mexico”, ya un poco astillada, presumía, de que las cenas en su casa había estado deliciosas: entre jamón Virginia, bacalao, lomo de cerdo, pierna del mismo animalito, caviar, champagne, jamón serrano y ensaladas típicas de la temporada entre repostería francesa, la familia sí que había disfrutado en mucho esos momentos maravillosos. A las 12:00 de la noche se abrieron los regalos, la mayoría de ellos fastuosos en su calidad, precio y belleza, los buenos augurios entre las familias abundaron, y se respiraba sin duda la prosperidad tanto del año que se iba como del que venía; realmente esa esfera estaba feliz de haber estado varios años adornando ese gran pino de casi dos metros.

La otra esfera hecha de plástico y adornada con chispitas brillosas, ya estaba más blanca que azul, había servido durante más de 10 años. Ella les decía a las otras que su familia había disfrutado mucho las cenas, pues el pollo les encanta, los tamales, chilaquiles, ponche y los frijoles estaban deliciosos, postres típicos mexicanos, de esos cristalizados que son un verdadero manjar, disfrutaron mucho la época decembrina. También hubo regalos, aunque más modestos, la utilidad que los mismos le iban a dar a sus patrones se agradecía; hubo lamentaciones pues la deudas abundaban entre los invitados, y las pláticas eran sobre cómo las iban a pagar, pues el alza de interés y el precio del dólar ya están inalcanzables, así como la bendita inflación.

La ultima esfera, aquella hecha de hule espuma, medio pintada, descarapelada y bastante maltratada, había adornado un pinito de 60 cm, entre focos fundidos y medio deshojado; la familia había festejado tanto la Navidad como el Año Nuevo con una cena común y corriente, solo se habían reunido unos cuantos familiares, no había regalos, y solo se deban buenos deseos. El pretexto finalmente era estar juntos, la pasaron felices también, ¡pues festejaron el momento!

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