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Sábado , 26.05.2018 / 07:41 Hoy

Cambio de carta de navegación

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Hasta ahora siempre hemos hablado de que toda empresa necesita tener una “visión” definida y además de que esta sea muy clara, poderosa en su contenido y que se comparta con el personal, para poder organizarse en todos sus procesos y alinear los mismos a que se cumpla con la misma.

Considero que es válido cambiar o modificar la “visión”, siempre y cuando el entorno nos obliga a ello; quizás una devaluación devastadora del tipo de cambio de la moneda, el pasar de una inflación de un digito a una “Hiperinflación de dos o tres dígitos, o bien que el sistema político impida que las cosas sigan adelante, sería válido el cambiar o modificar los planes para salvar el negocio de ser necesario.

Pero, ¿cambiar de carta de navegación completamente es posible? Esto significa que no solo es modificar o hacer ciertas adaptaciones a “la planeación estratégica que ya tenemos hecha en función a lo que hemos soñado”, sino cambiar totalmente a lo que en realidad somos como empresa y rotar 180° su esencia; es decir, si un barco zarpó rumbo a Nueva York, a mitades del camino decida virar su timón hacia España. Todo es posible en esta vida y puede ser válido; ya se han visto algunos ejemplos reales en la existencia de los negocios, como “aquella cadena de venta de hamburguesas”, pionera en el negocio de la comida rápida, que cambió su visión a no comercializar solo su hamburguesa, sino a cultivar todas las legumbres y producir la carne que son la materia prima de la misma; o aquella mina productora de yeso y concreto, vecina a Tokio, Japón, que decidió por el alza en los impuestos, a convertirse en un “Hotel Spa”, que incluye aguas termales y comida exótica “respetando a su mismo personal minero”; o bien “la universidad” que cambió su giro a ser una empresa proveedora de capacitación y educación para ejecutivos; o aquel “Hotel” que se convirtió en un edificio para rentar departamentos u oficinas; o el expendio de “material eléctrico” que se convirtió en ofrecer servicio de almacenes; o la cadena de tiendas de “autoservicio al mayoreo” que cerró sus puertas para entrarle al comercio electrónico, ahorrándose un índice importante en los costos, y que ahora servirá aparte como almacén; o la fábrica productora de alimentos, que ahora se renta para que otras marcas de su misma competencia incluso produzcan lo mismo en la misma fábrica, con diferentes marcas.

Interesante, ¿no? El mundo de los paradigmas está cambiando muy rápido y hay que ir más adelante que él, si queremos permanecer en el negocio.

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