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Último Round

Massiosare: un extraño enemigo que no viene de Holanda

Sergio Gómez

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Una sinalefa en el himno nos dio el nombre del enemigo de la nación: Massiosare. Lo que tenemos que hacer ahora es cambiarle, de vez en vez, el rostro al villano. Ayer parecía croata; hoy, holandés.


Como cualquier actividad del hombre, el futbol es un relejo de lo que somos. Para observar nuestra mexicanidad, basta con voltear a la cancha, a la tribuna, al otro lado de la pantalla. Basta con respondernos: cómo festejamos el gol. Qué decimos. Qué pensamos cuando nuestro equipo anota. A qué aspiramos. Con cuáles jugadores nos identificamos. Qué vemos en ellos para que así sea. Cuál es nuestra reacción ante la derrota.


También sirve echar un vistazo a nosotros mismos a través del cristal que decidimos utilizar para mirar a los otros: qué le gritamos al rival. Por qué. Qué actitud asumimos frente a nuestro adversario. Otra pregunta: cuál es el proceso que seguimos para construir la identidad propia a través de la construcción de la identidad del oponente. En palabras más simples, por qué vemos así al mentado Massiosare.


La manera en la que observamos al contrario habla mucho de la imagen que tenemos de nosotros mismos. Por ejemplo, gracias al futbol, podemos afirmar que México tiene un intrincado complejo de inferioridad: elegimos asumir el papel del pequeño David y darle al oponente el rol del gigante Goliat. Siempre será más incómodo salir a la cancha, o a cualquier otro ámbito, como el favorito. Por eso huimos a ser los favoritos. Nos gusta la mediocridad.


La heroicidad, de acuerdo a nuestra creencia, emerge cuando el rival se muestra ampliamente superior. Preferimos enfrentar a Holanda que a Costa Rica. De esta manera, una derrota no será un fracaso.


Lo anterior, explica en parte cómo es que Pancho Villa, el gran perdedor de la Revolución Mexicana, tiene tantos adeptos. El mito del guerrillero duranguense descansa en sus hazañas. Tal es el caso de la invasión a Columbus, que el imaginario colectivo adoptó como una lucha entre un mexicano contra Estados Unidos. Sí, David contra Goliat. Pero la verdadera historia es diferente.


De regreso al tema del futbol, cuando alguien dice que México ya no tiene complejo de inferioridad, lo único que pone de manifiesto es lo contrario. Con frases como Esta generación ya no tiene miedo a enfrentarse a Brasil o Croacia, quien las pronuncia está confirmando que México se asume como un equipo inferior y aun así, es capaz de controlar sus nervios; espera que el joven menudo tumbe al gigante, que dé la sorpresa.


En resumen, Massiosare no es holandés ni siquiera es extraño. Todo lo contrario: Massiosare es mexicano.


@sergomezv/sergio.gomez@milenio.com

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