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Miércoles , 18.07.2018 / 15:53 Hoy

Último Round

La marca de Caín

Sergio Gómez

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Dios le puso una señal a Caín para que la gente lo reconociera. Según el relato bíblico, lo condenó a andar errante, así, con la marca del fíat divino.


Quienquiera que se topara con Caín le preguntaría por la mancha en el rostro, por las nubes y rayos sobre la cabeza o por aquello que a Dios se le ocurrió colocar para advertir a los demás en torno a lo que llevaba a cuestas el hombre. Era la cicatriz de quien ha cometido un pecado grave.


En el mundo de la política hay gente marcada como Caín. A donde quiera que vayan estos personajes, son perseguidos por los espectros de su pasado. Humberto Roque Villanueva, por ejemplo, arrastra consigo la imagen en la que celebra la aprobación del impuesto al valor agregado, la famosa roqueseñal. Con René Bejarano, es como si llevara a todas partes las ligas con las que envuelve el dinero de sobornos. Humberto Moreira trae tatuado un 35 con nueve ceros, los 35 mil millones de pesos con los que endeudó a Coahuila.


Pero hay marcas aun más difíciles borrar. Esas marcas que, a pesar de la corta memoria mexicana, la gente reconoce de inmediato: sobre la tumba de Díaz Ordaz, marchan los estudiantes asesinados. Luis Echeverría intenta huir, sin lograrlo, de esa protesta fantasmal. Felipe Calderón tiene una declaratoria de guerra estampada en la frente.


¿Qué sucede con Enrique Peña Nieto?..


Jueves 14 de abril de 2012; 7:10 de la mañana. El presidente de México ofrece una conferencia junto a Lars Locke Rassmussen, primer ministro de Dinamarca. A miles de kilómetros de su país, Peña debe responder a las preguntas incómodas, aquellas que intentan responder qué pasó y qué ha pasado con los estudiantes desaparecidos durante su sexenio. Incluso, el danés es orillado a pronunciarse sobre los derechos humanos en México. Días antes, en Alemania, en la conferencia conjunta de Peña con la canciller Angela Merkel, ambos mandatarios también son orillados a hablar sobre el caso de los normalistas.


Esa es la marca de Peña Nieto, un 43 que lo perseguirá a todos lados. Se trata de una marca aun más indeleble conforme no se aclare qué sucedió aquella noche y aquella madrugada de septiembre de 2014. Si no participó directamente, qué hacía El Ejército en Iguala. Qué hacían los federales. ¿Por qué no protegieron a los jóvenes? ¿Por qué no se convirtieron en guardias del pueblo?


De vuelta al relato bíblico. Dios, que todo lo ve, pregunta por Abel. La respuesta de Caín fue Acaso soy guardián de mi hermano. A eso, debe seguirle una respuesta afirmativa.


@sergomezv

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