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Viernes , 19.10.2018 / 20:02 Hoy

Último Round

El niño ahogado y la explotación laboral

Sergio Gómez

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Esta columna intenta explicar cómo la fotografía de un niño ahogado -y la consecuente relevancia del conflicto sirio en los medios de comunicación- sirve a Estados Unidos y a sus aliados para justificar acciones bélicas más osadas en Medio Oriente. En específico, en el derrocamiento del presidente Bashar Al Assad.

Para muestra, titulares de periódicos como el del 8 de septiembre en El País:

“La crisis de los refugiados obliga a planear bombardeos en Siria” y no solo el diario español; está la encuesta publicada por el amarillista The Sun el 6 de septiembre que asegura que 52 por ciento de los ingleses piden que Siria sea bombardeado cuanto antes.

El llamado en portada va acompañado de una fotografía del pequeño sonriendo, con la leyenda: “por Aylan”. Como si el niño hubiera deseado que cayeran más bombas en su país.

La imagen de Aylan no solo representa gasolina para las intervenciones militares: desde hace meses, las grandes corporaciones pedían a los países de la Unión Europea que permitieran la entrada de migrantes. Antes que la crisis de refugiados explotara, Ulrich Grillo, líder del poderoso BDI dijo a los medios que estaban dispuestos a emplear a miles de extranjeros si la ley se los permitía.

El cabecilla de la federación de industrias, que agrupa a más de cien mil empresas y a ocho millones de empleados, ha encontrado en la indignación popular ante la devastación de la guerra un impulso para que su petición sea atendida.

Los principales beneficiados con los desplazamientos masivos de personas son los dueños del dinero, esos que hacen las guerras.

¿Qué obtienen las corporaciones con el arribo de miles de personas sin trabajo? ¿Qué significa para las empresas la llegada de refugiados sirios a países de primer mundo como Alemania? Significa lo mismo que la presencia de migrantes mexicanos en Estados Unidos… ¡mano de obra barata!Por eso, tardan tantos años las esperadísimas reformas migratorias en el Norte de América.

Frente a condiciones legales adversas, los obreros aceptan menos dinero a cambio de más horas laboradas. De esta manera, el hombre y la mujer tienen mayor disposición a abaratar su fuerza de trabajo.

En este mundo vivimos; en un planeta donde la fotografía de un niño de tres años, muerto en la orilla de la playa, sirve para recrudecer aun más la guerra y para asegurar una explotación laboral más eficiente. Porque la esclavitud no ha desaparecido, solamente cambió de nombre y se dio una polveada.


Sergio Gómez @sergomezv

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