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Último Round

El narco al chile (2de2)

Sergio Gómez

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Vender drogas es un negocio como cualquier otro. El proveedor entrega las mercancías que después, en un local, se colocan en envases. Se hace una línea de montaje. Más aburrido, imposible.

El filme brasileño de 2002, Ciudad de Dios, expone esta comparación. El balance parece justo si se toma en cuenta que la diferencia más notable entre narcos y empresarios es el campo de acción: unos operan fuera de la ley, otros lo hacen dentro. Solo que esta diferencia es, paradójicamente, la que estrecha su vínculo. Es el marco legal el que permite que ambos puedan existir. Me explico: las leyes de prohibición justifican el margen de ganancia para el narcotraficante; por otra parte, las leyes mediante las cuales se permite la explotación laboral son base también para la plusvalía que obtienen los dueños de las empresas.

Para entender con mayor claridad lo anterior, conviene familiarizarse con un enfoque marxista: el Estado crea la ilusión de que la brecha económica entre ricos y pobres irá desapareciendo. Pero –es importante aclararlo- se trata solo de eso, de una ilusión. El gobierno y sus leyes son una falsa promesa: las clases sociales no desaparecerán mientras permitan que exista la propiedad privada de los medios de producción, mientras haya personas obligadas a vender su fuerza de trabajo a los dueños de las herramientas de trabajo.

Por ejemplo, el campesino –que en lugar de sembrar maíz, siembra amapola- es explotado por aquel que tiene el dinero para pagar la semilla, los fertilizantes, a los capataces, a los conductores, el combustible, las camionetas, a los pilotos, las avionetas, los laboratorios, los instrumentos, el material para empaquetar, a quienes empaquetan, a los vendedores, sobornos a los soldados, a los policías, a los gobernantes…

El Estado, precisamente, nació con la aparición de la esclavitud o de las clases sociales, que es lo mismo. Nació para asegurar que el sistema de explotación siguiera funcionando. Un sistema de explotación que al narco le funciona muy bien.

Así como una perspectiva marxista ayuda a observar con mayor amplitud el fenómeno del narcotráfico, una respuesta marxista puede ser la solución al problema.

La propuesta consiste en la legalización de la siembra, producción, distribución y consumo de todas las drogas. Es sencillo: el Estado debe tener el monopolio, desde la siembra hasta la atención de los consumidores.



Sergio Gómez/@sergomezv

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