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Miércoles , 17.10.2018 / 09:15 Hoy

Último Round

El narco al chile (1de2)

Sergio Gómez

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En el capitalismo, el narcotráfico es el modelo de negocios por excelencia. Ninguna otra actividad económica registra márgenes de ganancia tan grandes como para hacer que aparezcan emporios prácticamente de la nada.

Los capos son empresarios tan exitosos como quienes invierten en la bolsa o en petróleo. Sucede que, en este mundo, el éxito está determinado por el número de cifras en la cuenta bancaria. No es de extrañarse que en México sea más envidiado El Chapo Guzmán que Steve Jobs.

Más allá del aspecto lucrativo, las cabecillas del crimen representan fielmente el ideal de superación dictado por el capitalismo: el éxito ante las adversidades, las económicas y las legales. Por eso son figuras tan admiradas. En un país pobre ¿cuántos no sueñan convertirse en millonarios? En un país de injusticia sistémica ¿cuántos no quieren burlar a la autoridad?

Regresemos al aspecto económico: en su libro CeroCeroCero, el escritor italiano Roberto Saviano sostiene que no hay negocio más redituable que el de la cocaína. Pone un ejemplo: “Si hubieras invertido 1.000 euros en acciones de Apple a principios de 2012, ahora (2013, al momento de escribir el libro) tendrías 1.670. No está mal. Pero si hubieras invertido 1.000 euros en coca a principios de 2012, ahora tendrías 182.000: ¡cien veces más que invirtiendo en el título bursátil récord del año!”.

Se mueve tanto dinero en el narcotráfico que da para comprar la complicidad de jueces, magistrados, ministros, diputados, senadores, jefes militares, policías, alcaldes, gobernadores, presidentes, comunicadores, banqueros… y, a pesar de estas cuotas, seguir contando con excedentes desproporcionados.

Paradójicamente, los beneficios económicos del narcotráfico no serían posibles sin las disposiciones legales. Son las leyes de prohibición las que permiten inflar sin medida el precio del producto, ya sea un churrito de mariguana o las sustancias más elaboradas y adictivas.

Es la prohibición la que mantiene en números negros las cuentas de los peces gordos y en números rojos el ejecutómetro; la prohibición mantiene también al Aparato del Estado y a los bancos dentro del negocio. La cosa es sencilla: los funcionarios se llevan una parte por dejar sembrar, procesar y distribuir algo prohibido y los bancos cobran por lavar dinero de una actividad prohibida. Eso explica el pavor que le tienen a la legalización no solo los narcos; también, el gobierno, los banqueros, la industria armamentista…


Sergio Gómez/@sergomezv

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