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Lunes , 22.10.2018 / 01:23 Hoy

Prospectivas

Democracia en riesgo

Saúl Barrientos

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La aceptación de la democracia como forma para elegir a nuestros gobernantes es prácticamente unánime; incluso los dictadores gobiernan en su nombre. Sin embargo, aunque ha triunfado en el terreno de los valores, sufre una profunda crisis en el terreno de los resultados.

En México y en el mundo, los ciudadanos cada vez confían menos en la mayoría de las instituciones, y tienen la percepción de que las acciones públicas no siempre responden a los intereses de la mayoría. Asimismo, la falta de eficacia y eficiencia de los aparatos gubernamentales, así como los fenómenos de corrupción han mermado la imagen de los gobiernos.

En nuestro país estamos en medio de un proceso electoral, el más grande en la historia por el número de cargos que se decidirán en las urnas; pero también es quizá el proceso donde más candidatos y cuadros políticos han cambiado sus colores.

Lo anterior sin duda impacta en que cada vez les cueste más a los candidatos el ganarse la confianza de la gente, el renovar las esperanzas, el demostrar que quieren llegar a un cargo público por el bien común y no por el beneficio personal.

Podría pensarse que esta apatía es porque al ciudadano ya no le interesa la política; pero esto es falso. Es cierto que hay un sector donde interesa muy poco (como siempre lo ha habido), pero de acuerdo con David Van Reybrouck, diversos estudios demuestran que actualmente se habla más que nunca de política con los amigos, la familia y los compañeros del trabajo (en buena parte por el aumento en el uso de las redes sociales).

De hecho, es el propio autor belga Van Reybrouck quien advierte que en un tiempo en el que aumenta el interés por la política, pero en el que la confianza disminuye, el entorno tiene un componente explosivo. La pregunta entonces es: ¿cuánto puede soportar un sistema así?

Con un fenómeno mundial donde los partidos cada vez tienen menos militantes, donde hay más abstencionismo, donde la fluctuación electoral es más voluble y, sobre todo, donde la brecha entre los intereses del ciudadano y las acciones públicas parecen crecer, al menos en la percepción, la respuesta sigue siendo que urge una nueva forma de hacer política.

Esta semana tendremos en México el tercer debate, un debate en el que los candidatos están más llamados que nunca a hacer propuestas, ya ha sido suficiente de lo anecdótico y descalificaciones. Ojalá que como sociedad sepamos reconocer y apoyar a quien plantee soluciones responsables, viables y efectivas. Lo que se decide no es un juego, es el futuro de nuestro país; lo que se decide es el destino de varias generaciones de mexicanos; lo que se decide es demasiado grande como para tomarlo a diversión. Seamos responsables. Es hora de un voto razonado.

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