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Martes , 18.09.2018 / 08:47 Hoy

Columna de Sara S. Pozos Bravo

Religión y voto en México

Sara S. Pozos Bravo

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Los actores políticos y líderes de opinión han encontrado una línea de investigación que, a pocos meses de la elección presidencial en México, han comenzado a explotar. Por un lado, los candidatos de los partidos políticos se han mostrado más que ansiosos por quedar bien, ya no sólo con la Iglesia Católica, sino también con las evangélicas o cristianas. Por otro lado, ante un México menos hegemónico en todos los sentidos, las propuestas de los candidatos deben ser entendidas y leídas por los ciudadanos de manera clara y precisa, a fin de analizarlas y, una vez dimensionadas, se emita el voto.

Pero justo ha sucedido todo lo contrario. En un país como el nuestro, en el que cada vez leemos menos y escribimos más cosas en Facebook, en el que la distorsión de la información es la constante en todos lados, en un país en el que la impunidad ha sido la condición mínima para el imperio de la corrupción, los candidatos presidenciales han confundido al electorado –al menos el religioso evangélico y cristiano- al enviar señales ambiguas, imprecisas y hasta contradictorias. El caso más significativo es el de Andrés Manuel López Obrador de quien, hasta hace algunos años, se sospechaba que era devoto evangélico y acérrimo defensor del estado liberal y laico en México; sin embargo, en la medida que ha crecido y fortalecido su candidatura, las declaraciones, actos, compromisos y principios de López Obrador lo han convertido en un dudoso creyente evangélico.

A la par de las dudas generadas, sus compromisos anticipados sobre un diálogo ecuménico, sugiere la unidad de las distintas religiones en torno a la fe católica. Evidentemente, esta es una propuesta añeja que en la Secretaría de Gobernación se trató de implementar en los gobiernos panistas y en el de Peña Nieto sin éxito alguno. Desde la óptica del tabasqueño, no hay forma de avanzar en materia de libertad de culto (que no necesariamente es libertad religiosa), sino esta libertad no viene precedida de un diálogo ecuménico. Sin embargo, quienes profesamos una fe distinta a la hegemónica, entendemos que el diálogo propuesto y promovido por Andrés Manuel es innecesario y ni siquiera puede considerarse una política pública como tal, por lo que su propuesta apunta a continuar con una estrategia de acuerdos entre el alto clero católico (impulsor del ecumenismo religioso) y ahora López Obrador.

La libertad religiosa está garantizada por los tratados internacionales y por nuestra propia Constitución. El tema de la reforma al artículo 24 constitucional hace 5 años, en realidad no aportó en nada a la ampliación de derechos como presupuso la bancada priísta y el gobierno de Peña Nieto, porque en realidad no se necesitaba una reforma al mencionado artículo. La libertad religiosa está garantizada, también, por dos condiciones mínimas que hay que defender de manera clara y convincente: el principio histórico de separación iglesias-Estado, y el principio de laicidad del Estado mexicano.

www.sarapozos.mx

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