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Sábado , 23.06.2018 / 07:40 Hoy

Columna de Sara S. Pozos Bravo

Odio religioso colectivo (Segunda y última)

Sara S. Pozos Bravo

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Hay tres factores políticos agravantes –según el Informe de 2013 del Relator Especial para la Libertad Religiosa- que crean las condiciones ideales para que el odio religioso colectivo se instaure como un “fenómeno natural” en las sociedades: la corrupción endémica, el clima autoritario y la utilización de la religión para aplicar una política sesgada y tendenciosa de la identidad nacional. De los tres, el factor más utilizado no sólo por políticos y sistemas hegemónicos sino por iglesias preocupadas por perder sus privilegios, es el de la utilización de la religión. El caso de México es sintomático en este sentido.

Ahora bien, es cierto que normalmente el odio colectivo surge de una combinación de los sentimientos de miedo irracional y desprecio de las personas, por lo que cabría deducir que las políticas orientadas a combatir ese odio deberían invertir en el fomento de la confianza sobre la base del respeto universal de la dignidad humana. Dicho de otra forma, el tema central es cómo fortalecemos la confianza entre los seres humanos para superar esos temores irracionales fomentados muchas veces por las instituciones hegemónicas religiosas. En este sentido, las políticas encaminadas específicamente a combatir el odio religioso y sus causas profundas, deben de tener en cuenta que la libertad de religión o de creencias forma parte del desarrollo de toda una infraestructura de instituciones públicas a nivel nacional, regional e internacional, incluidos tribunales, instituciones de defensoría del pueblo, de derechos humanos y órganos internacionales. Justo es aquí en donde es evidente la carencia de esta infraestructura en nuestro país.

Aquí es fundamental, es determinante el respeto al derecho del otro. El respeto es un concepto fundamental para comprender los derechos humanos en general y, en particular, la libertad de religión o creencias. En el marco de los derechos humanos, el respeto se refiere siempre a las personas. Ante malentendidos generalizados, debe hacerse constante hincapié en que la libertad de religión o de creencias no conlleva el respeto de las religiones como tal, sino que empodera a los seres humanos en el ámbito general de la religión y las creencias, dice el Relator Especial. Además de tener en consideración el respeto, hay que considerar también que para muchas personas en todo el mundo, las convicciones religiosas, los valores espirituales, el sentido de sacralidad, las ceremonias relacionadas con la comunidad y otras normas y prácticas pueden ser el soporte principal de su identidad individual y colectiva; pero eso que para una persona es importante, puede no serlo para otras. Por eso, educar con base en el respeto a creer en lo que uno quiera se ha convertido en una urgente necesidad para combatir las raíces del odio religioso colectivo.

El antídoto fundamental es la prevención basada en el respeto a las decisiones y derechos del otro, del diferente, del distinto en el entendido que por más diferencias que le veamos, siguen teniendo los mismos derechos que nosotros.

www.sarapozos.mx

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