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Sábado , 23.06.2018 / 21:36 Hoy

Columna de Sara S. Pozos Bravo

Objeción y libertad de conciencia en materia de salud (Segunda y última)

Sara S. Pozos Bravo

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La libertad de conciencia, de acuerdo con los instrumentos internacionales de derechos humanos, es el derecho humano que reconoce la libertad del hombre para actuar conforme a lo que dictamine su conciencia. La conciencia se alimenta de los principios y valores que son inculcados por los padres a los hijos y que le permiten distinguir entre el bien y el mal, entro lo bueno y lo malo. Esta libertad se encuentra contenida en la Declaración sobre la Eliminación de Todas las Formas de Intolerancia y Discriminación Fundadas en la Religión o Creencias en 1981. La Declaración antes citada recoge los derechos externados en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, en los Pactos Internacionales de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966, y en el de Derechos Civiles y Políticos, también de 1966. En las discusiones y trabajos previos a la Declaración de 1981, el derecho a la libertad de conciencia fue considerado, junto con el de libertad de pensamiento, como sinónimo de convicciones.

La objeción de conciencia no es un derecho en sí mismo sino uno derivado de la interpretación de la libertad de conciencia. La interpretación que hace el Comité de Derechos Humanos en 1993 respecto del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, en su Observación General No. 22, considera que la objeción de conciencia puede apelarse cuando la conciencia del individuo entra en conflicto con el "uso de la fuerza mortífera", porque la primera excepción del derecho se ha considerado en materia del servicio militar. El Comité reafirmó que sólo reconocía el derecho a la objeción de conciencia en relación con con la obligación de utilizar la fuerza mortífera. Una resolución posterior de la Comisión de Derechos Humanos (1996) reafirma que toda persona tiene derecho a la objeción de conciencia relacionada con el servicio militar.

Dicho lo anterior, llama la atención que la Cámara de Diputados discuta una reforma a la Ley General de Salud en la que reconoce la objeción de conciencia para todos el personal que trabaja en las instituciones de salud públicas y privadas. Una reforma que introduzca este derecho derivado debería de venir en los términos reconocidos por los instrumentos internacionales de derechos humanos, como el del servicio militar. En este sentido, la introducción de la objeción de conciencia podría llevar a los médicos a no prestar los servicios de salud para los cuales han sido contratados lo que nos llevaría a confrontar el derecho a la salud que todos los mexicanos tenemos con el derecho a la objeción de conciencia que el médico, enfermera o cualquier otro personal que trabaje en los servicios de salud, tienen. En este caso, la norma es muy clara: un derecho colectivo no puede dejar de prestarse frente a un derecho individual. O dicho de otra forma, no puede el médico a apelar a la objeción de conciencia para negar un derecho universal al que todos los mexicanos tenemos derechos.

www.sarapozos.mx

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