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Jueves , 21.06.2018 / 03:51 Hoy

Columna de Sara S. Pozos Bravo

Laicidad, neutralidad del Estado y fe

Sara S. Pozos Bravo

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La laicidad del Estado es un principio y característica sobre aquello que distingue a la República. Instrumentado en la Constitución y desplegado a través de los dispositivos jurídicos, la separación del Estado y las distintas instituciones religiosas, agnósticas y ateas y la neutralidad del Estado con respecto a las diferentes opciones de conciencia, constituyen elementos fundamentales normativos en la vida pública de los gobernantes.

Al descansar sobre los pilares de la libertad de conciencia, la no discriminación y la igualdad de derechos, la laicidad debería de convertirse en un poderoso instrumento para la promoción de defensa de los derechos humanos en nuestro país. Si estos derechos se garantizan entonces no se atentaría contra la neutralidad del Estado, entendida ésta como la no preferencia por alguna fe o religión en particular. Es la neutralidad religiosa del Estado, por lo tanto, una condición necesaria para la adecuada protección del derecho humano llamado libertad de pensamiento, conciencia y religión, o libertad de religión.

Desde este punto de vista, el Estado no debería de definir hasta dónde se puede expresar la libertad de religión mediante el uso de prendas de vestir. Francia, por ejemplo, hace unos días sancionó a tres mujeres musulmanas que, en playas públicas, llevaban puesto el trabajo de baño que usan las mujeres que profesan esa fe. En la interpretación francesa de “delimitar” los alcances de lo “público” de la fe, consideran que esa fe no puede manifestarse de ese modo en una playa. Hace algunos años, algo similar sucedió con una mujer musulmana en Noruega que portaba un velo menos restrictivo denominado Shayla. La mujer asistía como docente a una institución pública y fue denunciada por el uso de ese velo. El argumento principal era que violaba la neutralidad religiosa del Estado y que, por lo tanto, debería de dejarlo en su casa.

Lo anterior nos permite afirmar que la tendencia en Europa sugiere, por un lado, una serie de medidas restrictivas -casi exclusivamente- al uso de prendas de vestir en mujeres musulmanas. Estas medidas atentan contra la libertad de religión y sus manifestaciones externas. Por otro lado, tal parece que estas medidas restrictivas están inspiradas más en el miedo al terrorismo extremista que a la intención de restringir la libertad de religión. Al no ser claras las fronteras, el primer derecho es el que más se vulnera.

En nuestro país, la interpretación de la laicidad siempre ha sido manipulada por la iglesia hegemónica en busca de privilegios perdidos. Aunado a esto, los políticos han optado por hacer suyas convicciones religiosas ajenas a sus ideologías políticas que nublan constantemente el ejercicio de las libertades en nuestro país, haciendo aún más difícil la convivencia pacífica de los mexicanos. Quizá por eso la máxima de Jesucristo sea el remedio ante toda tentación por ambos actores: al César lo que es de él y a Dios lo que es suyo. Ni más pero tampoco menos.

www.sarapozos.mx

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