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Martes , 16.10.2018 / 16:59 Hoy

Columna de Sara S. Pozos Bravo

La política exterior de la Santa Sede (Primera de tres)

Sara S. Pozos Bravo

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La Santa Sede es el órgano soberano de la Iglesia católica y junto con el Estado de la Ciudad del Vaticano, han impulsado una política exterior sumamente activa. En esta y las siguientes dos entregas, abordaré ese estado sujeto del derecho internacional denominado Santa Sede y algunos aspectos básicos de su política exterior. Como veremos, las condiciones mínimas necesarias fueron otorgadas por Italia a través de los Acuerdos de Letrán, en 1929.

El derecho internacional no reconoce personalidad jurídica a la Iglesia católica. Pero como los Acuerdos de Letrán reconocieron la independencia y soberanía de la Santa Sede y crearon el Estado de la Ciudad del Vaticano, eso fue lo que garantizó la fundición –por llamarlo de alguna manera- del ente religioso en un ente jurídico llamado Santa Sede. Es una fuerza de orden moral. El orden moral católico se basa en los propios decretos, declaraciones, encíclicas que los papas, a lo largo de la historia de la Iglesia romana, han dado a conocer. Es un orden legal interno denominado derecho canónico. El documento que sirve de referencia para conocer esta fuerza de orden moral es el denominado Código de Derecho Canónico. Al hablar de las personas jurídicas, el Código de Derecho Canónico menciona en el primer canon de ese apartado a la Iglesia Católica y a la Santa Sede como personas morales.

Entonces, como únicamente es el cuerpo normativo de la Iglesia quien le otorga ese grado de personalidad jurídica, la Iglesia romana –por sí sola, es decir, sin Santa Sede y sin Ciudad del Vaticano- no podría participar en la escena internacional. Lo hace con total libertad porque el derecho internacional reconoció los Acuerdos de Letrán y estos, entre otras cosas, reconocieron la existencia de la Santa Sede como y crearon, a su vez, la Ciudad del Vaticano. El Estado de la Ciudad del Vaticano, creado en 1929 para dar identidad territorial a la Santa Sede en Roma, es un territorio nacional reconocido bajo los cánones del derecho internacional. Así, el Papa delega la administración interna de la Ciudad del Vaticano a la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano. Tiene como jefe del Estado al Papa. Y justo aquí es donde comienzan los problemas en cuanto a lo complejo de su peculiar distinción. El Papa, como jefe de Estado, no deja de ejercer el gobierno de la Iglesia de manera que, al mismo tiempo que es cabeza de la Iglesia romana también lo es de un Estado "terreno", llamémoslo así.

En Europa es casi incuestionable que los Estados firmen acuerdos con la Santa Sede en los que obtiene casi siempre un beneficio económico y prerrogativas exclusivas que, en algunos Estados, únicamente obtiene la Iglesia católica. Es casi incuestionable esta dualidad, tan rara como específica, que ningún otro estado o confesión religiosa tiene. Europa se acostumbró a vivir así y parece no cuestionarse esa presencia activa de la Iglesia católica. De esto escribiremos las siguientes semanas.

www.sarapozos.mx

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