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Martes , 16.10.2018 / 12:23 Hoy

Columna de Sara S. Pozos Bravo

El resquebrajamiento del Estado laico

Sara S. Pozos Bravo

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El político de hoy pretende adherirse de los símbolos religiosos como si eso fuera permisible. Al hacerlo, corrompe los principios básicos democráticos y laicos que sustentan la convivencia social de los mexicanos, ignorando todo el andamiaje legal e institucional que existe por alguna razón. En el México de hoy, los políticos abanderan causas insospechadas, justifican acciones legalmente prohibidas, enarbolan símbolos religiosos, abusan del hastío social, y nos hacen padecer lo indecible con tal de ganar el voto.

Tan preocupantes como inquietantes son los funestos ataques contra el Estado laico, derivados de las alianzas hechas por las izquierdas en este país, pero también por las derechas y aquellos que aún se llaman “neutrales”. Uno a uno, cada embate ha ido debilitando esa forma social de convivencia llamada laicidad. Para Pedro Salazar, doctor en derecho y experto en temas de laicidad y derechos humanos, “ […] Este hecho sin precedentes impone desafíos inéditos a los Estados, entre otras razones, porque redefine las estrategias de las instituciones religiosas para incidir en la vida social y, al mismo tiempo, altera la lógica con la que los gobiernos y los representantes populares se posicionan frente a estas instituciones. Ello plantea retos para la agenda laica, pero también para los sistemas democráticos en proceso de consolidación.”

Estos desafíos parecen redefinirse en función del contexto social e histórico que se vive, provocados por los actores sociales que, incluso, pueden ser los mismos. Al redefinirse los desafíos, la forma de enfrentarlos se hace cada vez más compleja y complicada, y pareciera no encontrar una salida para enfrentar a los políticos y hacerles entender que la laicidad es la única forma existente para que todos sigamos viviendo en un país en el que, al menos en teoría, todos somos iguales ante la ley.

¿Puede el candidato o político tener sus convicciones religiosas? Por supuesto que sí. ¿Limita el ejercicio de su libertad religiosa el aspirar a alguna candidatura? No. Ambos derechos no son excluyentes entre sí sino que coexisten para garantizar el máximo ejercicio de los derechos del ser humano. Entonces, ¿en qué o en dónde estriba el problema con la laicidad? El problema es que los políticos confunden –o ignoran- las definiciones y los alcances del principio de laicidad y, al hacerlo, violan de manera flagrante la ley. Luego, en el ejercicio del quehacer público, las decisiones en lugar de tomarse con base en los principios universales, se toman en función de sus propias convicciones religiosas, lo que ha llevado a varios enfrentamientos discursivos mediáticos entre la sociedad y sus gobernantes.

Así, -como dice Pedro Salazar- al final de los primeros veinte años de este milenio, la laicidad en México se encuentra amenazada. Esto es así? porque el estado laico enfrenta embates que provienen de la realidad social y política encabezada por quienes, aún hoy en día, no acaban de entender la importancia de la laicidad en nuestro país.

www.sarapozos.mx

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