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Viernes , 25.05.2018 / 16:50 Hoy

Voces callejeras

Un Mundial prostituido

Santiago Fourcade

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Son las siete y el sol se perdió. Con el invierno carioca a pleno, cada sector del malecón de Río de Janeiro oscurece mientras cientos de prostitutas ganan las calles. “Ochenta reales. ¡Vamos!, ¿qué esperas?”, la jovencita sonríe con desgano. Tiene menos de quince años y la ropa que utiliza exagera su sexualidad. Detrás, dos amigas esperan su oportunidad.

Ante esta descripción, la pregunta obvia debiese ser ¿dónde estamos?, ¿qué parte de Río estoy describiendo? Y aunque no lo crean, estoy caminando por la mejor zona de toda la ciudad. Desde Copacabana a Ipanema el contexto es brutal. Sexo sin pudor y obscenidades cada veinte metros. De catorce años en adelante, el noventa por ciento de las mujeres que encuentro son prostitutas. Todas se ofrecen sin pena alguna y exigen su ganancia con desparpajo.

Todo el cuadro excede lo grotesco y las autoridades lo permiten. ¿Por qué? La respuesta es simple: la prostitución es legal en Brasil y cualquier mujer puede ejercer su derecho con libertad. Pero tan inequívoca es aquella legislación como errónea su aplicación. Déjenme explicarles mi conclusión.

Me queda claro que el derecho a prostituirse no equivale a violar el civismo de los demás, ¿por qué el gobierno no define zonas rojas? Qué culpa tienen las familias que caminan en la tarde por plena rambla carioca. Quién de la FIFA aprueba esa doble moral que escupe sobre los principios que el organismo internacional promulga.

Lo menciono porque el área que reúne la mayor cantidad de sexoservidoras queda enfrente al Fan Fest. ¿Qué es eso? El parque de entretenimientos de la FIFA donde llegan miles de personas para disfrutar las pantallas gigantes.

Además, a dos cuadras de allí está el hotel principal donde se alojan los delegados de la Federación y la mayoría de los invitados diplomáticos del torneo. ¡Sí! El epicentro político y futbolístico de Río de Janeiro también es sinónimo de la mayor presencia por habitante de prostitutas.

¿Creen que exagero? Señálenme de puritano. Díganme lo que quieran pero seguiré afirmando que algo aquí no funciona bien. La Policía patrulla los lugares pero no interviene. Mujeres, hombres y transexuales controlan las calles y sus jefes amenazan a cualquiera que arriesgue su negocio. ¡Cuidado con tomar una foto! Pobre de aquel distraído que utilice el flash para retratar a sus amigos en esas calles. Amenazas y empujones ganarán la escena y el inocente turista deberá escapar como pueda.

O peor, muchos serán seducidos y robados al mismo tiempo. Da pena observar como grupos de cuatro o cinco mujeres rodean a un hombre y le bailan pegado al cuerpo. Y claro, con más sorpresa que otra cosa, los diez segundos de perreo equivaldrán a dos manos hurgando entre las bolsas del distraído y varias tarjetas de crédito o dinero menos.

Y todo esto ocurre cada noche desde las siete en adelante. Copacabana es zona liberada y la situación asombra. Supongo que a futuro no cambiará. El turista consume lo que existe y criticarlo me orientaría hacia una conclusión moral que no me interesa.

Pero el valemadrismo del Gobierno brasileño y la FIFA son cosas diferentes. No pueden llenar de prostitutas las playas y dejar los resultados al libre albedrío. El Mundial es familiar y la gente se siente incómoda. Lo comprendes con una simple mirada o cuando percibes las manos de los padres apretujando a sus hijos mientras caminan. Lástima que ocurra algo así. Ojalá que para los Olímpicos (2016) mejoren tremendo error. Ojalá…

@santiago4kd

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