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Columna de Salvador Ramírez Argote

No me van a silenciar

Salvador Ramírez Argote

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Compañeros integrantes del Ayuntamiento:

Como regidor del Ayuntamiento tengo no sólo el derecho, también la obligación de ser vigilante de la administración pública. Tengo el deber de vigilar los procesos, de proponer y de criticar. Para eso tengo voz en la comisiones, voz en el Ayuntamiento y puedo acudir al apoyo de los medios de comunicación, aquí mismo y en las sedes de ellos.

El usar la palabra nunca sobrará en una sociedad que se precie de ser moderna y democrática. El callar las voces incómodas es propio de regímenes autoritarios y fascistoides.

Por eso resulta aberrante que el periódico AM, en su columna del día domingo, pida, suplique u ordene a los síndicos Carlos Medina y Luis Ernesto Ayala y al regidor Salvador Sánchez Romero que ya por favor me callen.

Dice a la letra la anónima columna:

Cálmate, Chava

Por favor Carlos Medina, Salvador Sánchez o Luis Ernesto Ayala, callen a Salvador Ramírez Argote. regidor del PRI y ujier de Bárbara Botello.

Apenas se puede creer que el priista hable de honestidad y transparencia después de beneficiarse.

Después la misma columna me lanza una serie de acusaciones falsas, por el sólo gusto de lincharme. Dice:

Bueno, Chava también hacía negocios muy personales con las seis cajas chicas que manejaba en la Secretaría Particular y los apoyos sociales que administraba Felipe González;*

La columna, como sabemos, aparece sin firma. Dice que la escribe un tal León Jacobo Robespierre. No existe tal persona. Es un pseudónimo y en estas condiciones yo espero que el director, Enrique Gómez Orozco, se haga responsable de esta serie de imputaciones.

A ustedes compañeros y a los ciudadanos les he de decir que no me voy a callar. Que voy a seguir haciendo mi labor como regidor en las comisiones, en este pleno del Ayuntamiento, en los medios de comunicación y de cara a los ciudadanos. Seguiré exigiendo honradez y transparencia.

También tengo que decir que nunca he hecho negocios personales con los recursos públicos, ni en la Secretaría Particular ni en ningún otro cargo. Y no los he hecho ni los haré nunca, porque no tengo necesidad de hacerlos. Y no porque sea un hombre rico, que no lo soy, sino porque no aspiro a riquezas. No aspiro a enriquecerme con la especulación inmobiliaria ni quiero hacer negocios de gasolineras, ni me interesan los negocios de las constructoras. Mi carácter no es acumulativo. Me atrevo a decir que es mayormente productivo. Y en ese sentido son muy pocas las cosas materiales que deseo, y esas pocas que deseo, las deseo poco. Por eso yo no aspiro a vivir permanentemente en viajes por el mundo, ni a los placeres de las bebidas embriagantes ni a los autos y a los demás lujos de los ricos. Por eso me refiero a la falsedad de esa columna: ni he hecho, ni hago ni haré negocios al amparo del poder.

Continúa la columna o calumnia:

Si los panistas quieren silenciar a su compañero de Ayuntamiento pueden clavarle el diente a las cajas chicas y a las "ayudas" y "préstamos" que autorizaba a sus cuates. También aprendió a inflar precios de materiales de construcción y mano de obra y aplicó la fórmula en la remodelación de oficinas.

Para la información de quien haya mandado publicar esto, nunca he manejado caja chica alguna. Y si en la Secretaría Particular hay fondos revolventes, es por la necesidad de la dinámica de la administración. Muchas veces esos fondos fueron arqueados y auditados y nunca hubo observaciones no solventadas, al menos no que yo supiera, porque, repito nunca he manejado esos fondos ni he tocado un centavo de ellos.

Si los panistas quieren silenciar... Dice la columna anónima. El mismo periódico que se ha querido presentar como el paladín de la libertad de expresión. El mismo medio de comunicación que durante el gobierno de Juan Manuel Oliva se quejaba amargamente con quien quería escucharlo, porque el gobernador no les daba un centavo para publicidad y eso, según ellos, atentaba contra la libertad de expresión.

En ese mismo periódico ahora alguien viene a pedir que me silencien. Y para lograrlo, sugiere algo monstruoso: que se me arme un expediente. Total ya se ve que hay una gran facilidad, igual como se lo armaron a José Cruz Hernández Moreno, así sugieren que ahora me lo armen a mí. Qué importa que no haya pruebas, no importa que no se respeten las formalidades esenciales de un procedimiento. Con la mayoría que tienen basta y sobra para castigar a cualquier ciudadano.

Utilizar las instituciones coercitivas del Estado para silenciar a un enemigo político es una vileza propia de sociedades premodernas y es justo lo que se está pidiendo en el AM en contra de un regidor incómodo.

Dice más la columna:

Su especialidad era exigir a empresarios de espectáculos que otorgaran paquetes de cortesías para la Presidenta y sus cuates. Y algo más. se especializó en espionaje y en despedir a todo aquel que insinuara algo sobre los negocios presidenciales.

Y respondo: Nunca he practicado el espionaje ni sé cómo hacerlo. Les recuerdo que muy lejos de eso, fue la presidenta municipal Bárbara Botello quien ha sido víctima del más vil espionaje por parte de sus enemigos. Y también permítanme decir que no soy afecto a asistir a los espectáculos públicos. No acostumbro ir al futbol, ni a la presentaciones de cantantes, ni a ningún otro espectáculo. Mi único pecado es mi afición por la ópera. A esa sí acudo siempre en el Teatro del Bicentenario y siempre pago mi boleto y los de mis acompañantes. Nunca he exigido cortesía alguna, ni para mí ni para nadie.

Señor presidente, voy a permitirme comentar públicamente el contenido de una conversación privada que tuvimos usted y yo en la víspera del inicio de este Ayuntamiento. Y lo hago porque no hay nada de lo que nos podamos avergonzar ni usted ni yo. Al contrario, es algo que habla muy bien de usted como político. En esa ocasión, usted me pidió ayuda. Pero me dijo que la mejor forma en que yo podía ayudarle era siendo muy crítico.

Es lo que he hecho. Y hasta el momento nunca he sido reconvenido ni por el presidente ni por ningún compañero. Es más, mis críticas, mis observaciones, mis dudas, mis inquietudes y mis sugerencias han sido muchas veces atendidas. Nobleza obliga, y por eso reconozco en particular la apertura que muestra permanentemente el síndico Medina Plascencia en el Comité de Adquisiciones y en la Comisión de Hacienda. Muchas veces no estamos de acuerdo, ni tenemos por qué estarlo. Pero siempre hay los canales abiertos para dialogar y para cambiar de opinión.

Por eso resulta patético que un medio de comunicación ahora quiera venir a amedrentarme presionándolos a ustedes para que echen sobre mí el aparato del gobierno. Yo espero que nadie de su gobierno haya operado esta columna como una advertencia o amenaza para un servidor. Eso sería lamentable. Espero que sea más bien una ocurrencia de alguien que odia profundamente a quienes colaboramos en el anterior gobierno y que vomita su rencor cada domingo, embriagándose con su propio veneno.

Yo de este gobierno espero que no caigan en la tentación de dejarse presionar, porque en la medida que lo permitan, en esa misma medida ustedes pueden ser las próximas víctimas dentro de tres años.

Fui postulado por un partido político, y mi partido recibió de los ciudadanos los votos suficientes para que yo formara parte de este Ayuntamiento. Cumpliré con esta encomienda durante los tres años que dura la administración. Por eso, reitero: no me callaré, ni me silenciarán con amenazas.

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