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Martes , 11.12.2018 / 03:33 Hoy

Apuntes

México y Nicaragua: ¿no intervención?

Rubén Alonso

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El pasado 19 de julio, aniversario de los 39 años del triunfo de la Revolución Sandinista, Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, desacreditó la Mesa de Diálogo Nacional, instalada el 16 de mayo para encontrar una salida al conflicto social y político (ya existente) que emergió con fuerza en ese país un mes antes, el 18 de abril, con la publicación de las reformas al sistema de seguridad social: señaló a la Conferencia del Episcopado Nicaragüense, mediadora en el conflicto, como parte del grupo “golpista”, al que califican además de “intervencionista” y “diabólico” (discurso de Ortega en http://bit.ly/2JJRrnP).

Un día después, el Consejo Permanente de la OEA aprobó ocho puntos resolutivos sobre la situación en Nicaragua, en los que además de condenar “los actos de violencia, represión, violaciones de derechos humanos y abusos, incluyendo aquellos cometidos por la policía, grupos parapoliciales y otros actores contra el pueblo de Nicaragua” y “los ataques contra el clero, el hostigamiento a los obispos católicos que participan en el Diálogo Nacional”, urgió a continuar con el diálogo y establecer un calendario electoral como se estableció en la proceso la Mesa del Diálogo (descargar resolución en http://bit.ly/2OatN7h).

De manera simultánea, el Parlamento Europeo condenó los hechos en Nicaragua, pidió a los estados miembros “tomar medidas” en contra de ese gobierno, y planteó “una reforma electoral con vistas a unas elecciones justas, transparentes y creíbles que respeten las normas internacionales” (ver nota en http://bit.ly/2mANuZH).

México, como parte de la OEA, apoyó la resolución del pasado 18 de abril; sin embargo, Marcelo Ebrard, propuesto como próximo Secretario de Relaciones Exteriores en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, ha planteado de manera genérica que ante lo que sucede en Nicaragua aplicará la “no intervención” (ver http://bit.ly/2Li8BP2), lo que anticiparía un cambio de posición a partir del próximo 1 de diciembre, cuando asuma funciones el nuevo gobierno mexicano.

La “no intervención” (Doctrina Estrada) no puede ser recurrida por López Obrador como un silencio cómplice ante la sangre de más de 300 personas y violación institucional a los derechos humanos. No intervención es promover la no injerencia extranjera en procesos internos, pero sí propiciar la generación de condiciones para que los pueblos decidan por si solos. México puede liderar esas condiciones, como lo ha hecho en otros momentos, como lo hizo para Centroamérica en los años 80 con el Grupo Contadora, hoy Grupo de Río.


Twitter: @jrubenalonsog


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