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Lunes , 15.10.2018 / 08:48 Hoy

Columna de Rosi Orozco

Día de la Mujer, una oportunidad para comprometerse contra la trata

Rosi Orozco

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Fabiola “N” llegó totalmente angustiada, en sus ojos se podía percibir el terror que vivió y su temor a vivirlo de nuevo. Presentaba evidentes dificultades motrices, pues tenía un severo daño cerebral a causa del uso constante y excesivo de todo tipo de drogas. Es así como los tratantes mantienen a sus víctimas, obligadas a consumir sustancias para permanecer débiles, así evitan que intenten escapar o siquiera puedan pensar en ello, también ejercen menor resistencia con los clientes.

La esperanza de Fabiola “N” dejó de existir mucho tiempo atrás, ella solo podía pensar en proteger a su hijo, alejarlo de aquel hombre que tanto los maltrató, que le juró amor durante años, pero que terminó rompiendo su alma, permitiendo que cualquiera estrujara su cuerpo hasta el cansancio. Fue necesario brindarle tratamiento psicológico y médico para intentar sanar las terribles afectaciones físicas y mentales que le causaron.

Recuerda que el cristal, cocaína y mariguana fueron algunas de las drogas que la obligaba a consumir. Intenta identificar más, pero le cuesta trabajo, porque nada le explicaron sobre el nombre y mucho menos los tipos de narcóticos que le ponían en la mano, pero sí escuchó en repetidas ocasiones que la droga que le daba su esposo era siempre la más corriente y barata, pero el dinero que pagaban por violarla era utilizado para comprar más.

A diferencia de otros casos, Fabiola “N” proviene de una familia funcional, pues el matrimonio de sus padres enfrentaba problemas cotidianos que no están fuera de lo común; sin embargo, reconoce que el no haber escuchado consejo, la rebeldía y la desobediencia marcaron su adolescencia, justo en el momento en el que conoció a “Jorge” a los 13 años de edad. Ese joven que con galantería improvisada y a veces vulgar le pidió fueran novios, con los años se convertiría en su esposo, el padre de su hijo y el mismo padrote que la prostituyó.

En el matrimonio la situación económica nunca fue la mejor, pero había lo necesario, asegura Fabiola “N”; sin embargo, la adicción a las drogas de su esposo perjudicaba cada día más la estabilidad en su hogar. En principio se drogaba a escondidas, pero comenzó a inducirla hasta el grado de obligarla a consumir drogas por igual.

Con la drogadicción llegaron terribles cosas: recuerda la noche en que “Jorge” llegó con un amigo a quien llamaba El Conejo, les prestaría dinero para comer, pues lo poco que tenían se desvaneció con la última “piedra de coca” que habían fumado. Inmediatamente se sintió incómoda con la mirada del supuesto amigo de la familia, (sus intenciones eran malignas). A cambio del dinero, Fabiola “N” tendría que entregarse a él.

Las palabras que usó su esposo para pedirlo estaban disfrazadas de amor: “Vamos, son solo cinco minutos los que estarás con él, necesitamos el dinero, no hay otra forma de tenerlo y yo te amo”, le rogaba el infame. Amenazó diciendo que la dejaría, también se llevaría al pequeño, no había otra salida, ya no habría más para comer, le sentenció mientras la encerraba en la habitación.

La dejó con El Conejo, aquel hombre “amigo” que sin remordimiento alguno abusó de Fabiola “N” dejándola desnuda en la cama. No fueron cinco minutos, cada segundo era una eternidad de llanto, asco, desesperación e impotencia. Una vez que terminó y mientras Fabiola “N” aún lloraba entró el marido con el pequeño hijo en brazos, solo para gritarle y decir: “Levántate, pinche puta, aquí tienes a tu hijo”; palabras que no se podrán borrar de su memoria y que le dolieron más que la violación misma, porque el hombre al que amaba la había obligado a hacer algo que jamás imaginó ni pasó nunca por su cabeza.

En ocasiones vendían pollos y desayunos preparados, parecía que aquel terrible momento fue una pesadilla nada más, pero empezó a obligarla a pedir dinero en las calles para mantener el vicio de la droga, cualquier mentira era buena para obtener limosnas de la gente.

Claro que intentó escapar, y fue entonces que empezó a golpearla y amarrarla para que tuviera marcas, así pedir dinero sería más fácil. El hombre la mantuvo sin comer ni beber. Apenas había oportunidad, el pequeño compartía de su plato a mamá. El esposo le decía que era un juego para no preocuparlo. El infierno que vivió Fabiola “N” fue compartido con su hijo que aún recuerda la ocasión en que su papá desgarró las ropas de su madre y la golpeó desnuda. Con tristeza en sus ojitos cuenta cómo sumergía la cabeza de su madre en una cubeta con agua, intentando castigarla ahogándola por resistirse a pedir dinero.

El esposo prometió llevarla a comer tacos, pero fue un engaño más: “Si quieres que tu hijo coma al rato, tienes que subirte al carro con los hombres”, fueron las palabras que utilizó su marido para obligarla a prostituirse en la calle por primera vez y la golpeó hasta doblegarla. Fue en una parada de transporte público, en el municipio de Nicolás Romero, en el Estado de México, donde Fabiola fue obligada a sostener relaciones sexuales con 20 hombres aquella primera noche que inició a las 22:00 horas y terminó a las 4:00 de la madrugada.

Nunca le dijeron cuánto cobraba, porque su esposo se encargaba de cerrar los tratos con los clientes, por ratos la exhibía como mercancía, prostituyéndola en un lugar y después en otros, pero generalmente la obligaba a permanecer afuera de bares y en paraderos de camiones y transporte público, lugares donde abundan hombres sin escrúpulos que aún consideran a la mujer como algo sin valor, que pueden comprar, usar y vender.

A pesar de que los clientes la veían golpeada, nadie le preguntó jamás qué había pasado, la insensibilidad de los hombres que acuden a buscar sexo de esta manera es increíble, ¿cómo ser testigos de tanta crueldad y ser omisos? Es necesario que aquellos hombres y mujeres que aspiran a un cargo de elección popular consideren el sufrimiento de miles de víctimas de trata en México que, como Fabiola, permanecen en el anonimato, llorando lágrimas de sangre.

El Día Internacional de la Mujer debe servir para reflexionar sobre las condiciones de maltrato en el que muchas mujeres se encuentran actualmente, siguen siendo víctimas en un país que poco se ha comprometido con ellas, a quienes no desean escuchar y que incluso prefieren beneficiar a delincuentes que están detrás de los giros negros, anteponiendo intereses económicos al dolor de las mujeres.

Es gracias a las autoridades comprometidas contra la trata de personas que hoy “Jorge” se encuentra en la cárcel, enfrentando la sentencia más alta en México: 99 años de prisión por explotación de la prostitución ajena y por primera vez fue sentenciado un cliente: aquel que llamaban El Conejo fue encarcelado por haber pagado para violar a Fabiola “N” (Artículo 35, Ley contra Trata). Mi sincero reconocimiento a las autoridades del Estado de México por este ejemplar castigo que sin duda abre la brecha para disuadir a los “clientes”, ya que sin demanda no hay oferta.

Es indispensable que como sociedad organizada exijamos a los candidatos a la Presidencia de la República, alcaldías y al Congreso de la Unión se comprometan a luchar por causas como la de Fabiola “N”, para garantizarles la oportunidad de rehacer sus vidas, así como evitar que estas historias se repitan.

Sí, el Día Internacional de la Mujer debe tener un significado, este debe ser el RECHAZO total a la violencia contra la mujer. #ComprometidosVsTrata

Podemos denunciar al 018005533000 o en www.unidoshacemosladiferencia.com.

*Presidenta de la Comisión Unidos contra la Trata @rosiorozco

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