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Entre dos mundos

Arpaio y el absurdo indulto presidencial

Rosario Marín

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Joe Arpaio fue alguacil del condado de Maricopa, Arizona, por más de 24 años, hasta enero pasado. Se caracterizó por su feroz, injusta e inhumana persecución y detención de migrantes latinos, a quienes recluía en sencillas carpas a la intemperie e indefensos a temperaturas incluso de más de 50 ºC, y a los varones obligaba a encadenarse y portar uniforme a rayas y ropa interior color rosa para ridiculizarlos y atentar contra su dignidad.

Este jefe policial xenófobo y sin escrúpulos se ufanaba como el sheriff más duro de Estados Unidos: su corporación organizaba redadas para detener a todo individuo cuyo aspecto físico les hiciera sospechar que eran migrantes ilegales, aun cuando no hubiesen infringido norma alguna…

Y un juez ordenó suspender sus métodos racistas de operación, pero no hizo caso y fue juzgado por desacato y condenado a seis meses de prisión. No obstante, con base en la cláusula 1 de la sección segunda del artículo 2º de la Constitución de EU, que faculta al presidente para conceder indultos, su congénere Trump le ha regalado el perdón.

El Federalista, compendio de artículos publicados por Alexander Hamilton, James Madison y John Jay, proporcionan un profundo y extraordinario análisis sobre los fundamentos políticos y filosóficos que dieron origen a los preceptos de la ley suprema estadunidense.

Ahí encontramos el principal argumento que justifica el poder de indultar confiado al Primer Magistrado: en épocas de insurrecciones o de rebelión hay momentos críticos en que un ofrecimiento oportuno de indulto a los insurgentes o rebeldes puede restablecer la tranquilidad en el país...

No creo equivocarme al inferir que el indulto fue concebido por los padres de la patria en un contexto histórico de guerra —de independencia— y como un instrumento para pacificar a la nación, pero de ninguna manera para beneficiar a corruptos y violadores contumaces de los derechos humanos.

Con su terrible y temeraria decisión, Trump atropella el espíritu de la Constitución, genera mayor zozobra e intranquilidad social y sigue atizando el fuego del odio y la violencia. Así, crece el repudio hacia el aprendiz; en particular, entre los republicanos que se sienten decepcionados y avergonzados por el gobernante surgido formalmente de sus filas.

Sin embargo, estas voces todavía son soterradas, tibias o tímidas ante las circunstancias que obligan a denunciar con contundencia, hacer un acto de contrición y señalar los actos irracionales del presidente, pues el juicio de la historia será implacable con aquellos que permanezcan callados y sumisos y, entonces, no habrá indulto que los redimirá…

rosariomarin978@gmail.com

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