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Viernes , 21.09.2018 / 11:58 Hoy

En busca de la patología en la educación

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Una de las principales fuentes de estrés en los niños es la escuela, desde que ingresan al preescolar, en las escuelas particulares, se enfocan en la lecto-escritura, que estén quietecitos y calladitos, que se ven más bonitos. Se puede aprender mejor en un ambiente relajado, sin tantas presiones. Es bueno revisar a groso modo los objetivos de asistir al preescolar: despertar habilidades psicomotrices y socializar. Los niños que presentan algún problema de conducta o aprendizaje son diagnosticados con las patologías de moda: hiperactividad, déficit de atención, bipolares y a los introvertidos como autistas, le dan tanto valor a la falta de atención que, se les margina, incluso los llegan a tratar como si tuvieran una discapacidad. La mamá de Pepe labora como empleada doméstica, invierte una semana de su salario en comprar el medicamento para su hijo además la consulta que le cobra el psiquiatra que la atiende, hasta que descubrí donde estaba el problema de conducta. Por mi profesión de Psicóloga atiendo a niños con problemas escolares, llegan con diagnósticos de patologías, me muestran expedientes con todas las pruebas de diagnóstico, como si fueran estudios clínicos de laboratorio, entre las recomendaciones los derivan a un neurólogo para que los medique. Desde que el déficit de atención y la hiperactividad se pusieron de moda, diagnostican a la mayoría de los niños, no interesa la visión psicosocial y familiar en la que se desenvuelven, ni su constitución, manera de alimentarse, de dormir y algo tan importante como los conflictos familiares. Los padres experimentan verdaderas tragedias en las que se culpan mutuamente por los problemas que les diagnostican, el niño carga con estigmas, rechazo, además se percibe a sí mismo como tonto por no cumplir las expectativas de la escuela y de sus padres. Es más fácil prescribir un fármaco, con el argumento que tiene una lesión neurológica, sin entender que en la era de la tecnología, el déficit de atención es una condición de niños y adultos producto de tantos estímulos, del exceso de estrés de las grandes ciudades con sus problemas de tráfico, la economía y tanta inseguridad. El déficit de atención no es una patología por sí mismo, es consecuencia de varios factores: los cerebros tan activos, los alimentos procesados, los conflictos familiares y la tecnología. Le pregunté a un niño en mi consulta, que, de manera compulsiva muerde sus uñas, si practican deportes en su escuela. “No nos permiten, la maestra nos tiene castigados”. La maestra no puede controlar a sus alumnos, un grupo de 46 niños; carente de pedagogía impuso el castigo: no pueden utilizar las canchas de la escuela, hasta que se porten bien. En lugar de fomentar el deporte y dejarlos que gasten energía, los mantiene quietos a la hora del recreo. Una maestra me comentó preocupada, en la secundaria donde imparte clases, dos grupos están señalados por todos los maestros, los rebeldes, inquietos, majaderos, los que no aprenden. Los maestros terminan agotados, por más que se esfuerzan, no logran controlarlos. La escuela no cuenta con psicólogo, ni se les ocurre pedir ayuda a la Secretaría de educación para que envíen un profesional experto en el tema, que haga diagnóstico y logre que estos grupos avancen a la par de los otros. Programas van y vienen, grandes cifras se destinan a la educación, desgraciadamente se quedan en los salarios de tanta burocracia, no llegan a donde deberían: a los educandos. No hay niños problema, el enemigo a vencer es la ignorancia, la tendencia a buscar patologías en los niños y etiquetarlos como chivos expiatorios. Los estudiantes merecen un mejor panorama para su desarrollo físico, mental y afectivo, una visión holista que ayude a optimizar los procesos de aprendizaje.

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