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Domingo , 21.10.2018 / 03:21 Hoy

Política Irremediable

Trump: nadie sabe para quién trabaja

Román Revueltas Retes

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Nadie, en el partido republicano, está concediendo permisos ni otorgando licencias para tal o cual competidor en la carrera hacia la presidencia de los Estados Unidos. El que quiere se mete a la competición y sanseacabó. Es cosa de tener dinero, naturalmente, pero el propio Obama, que no era uno de esos multimillonarios con inquietudes políticas, se las apañó para implementar una exitosísima estrategia de recaudación de fondos y pagar así los exorbitantes gastos de campaña.

Estamos hablando, luego entonces, de una democracia en la cual las puertas están abiertas a todos, a diferencia de un sistema político mexicano en el que necesitas el padrinazgo directo del gran jefe partidista (es muy llamativo, en este sentido, que Felipe Calderón, no siendo el predilecto de Vicente Fox, haya conseguido la candidatura para el primer cargo de la nación; y, a su vez, Ernesto Cordero, que era el gallo del mismísimo presidente de la República, tuvo que cederle su lugar a Josefina Vázquez Mota en las elecciones de 2012).

Pero, en el PAN y en el PRI no existe algo siquiera lejanamente parecido al desfile de aspirantes que vemos en el vecino país. Ahora mismo, 17 individuos han dado el paso y se han registrado para participar en la primera selección de candidatos del antedicho partido republicano. Y lo han hecho sin reparo alguno, a sus anchas, sin esa aprensión —"si se mueven, no salen en la foto"— que tan disuasoria resulta a unos pretendientes que, en estos pagos, necesitan disimular sus apetitos y ambiciones, como si no fuera perfectamente legítimo, en política, tener los más desaforados sueños.

Resulta, sin embargo, que ese mecanismo da lugar a que se puedan aparecer por ahí individuos totalmente impresentables, justamente, en las primeras etapas, antes de que se celebren los llamados caucuses —asambleas electivas— donde conseguirán el apoyo de los delegados de cada partido. Así tenemos a un Donald Trump, al tal Ted Cruz y a esos otros que, juntos y revueltos, componen una galería esperpéntica. Más allá de la anunciada caída de Trump en el futuro, el costo a pagar para el Grand Old Party es ya colosal y el daño, creo, irreversible. A ver si se enteran.

revueltas@mac.com

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