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Lunes , 15.10.2018 / 21:51 Hoy

Política Irremediable

¿Sólo la tragedia nos puede transformar?

Román Revueltas Retes

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En Ciudad de México se respira siempre una extraña atmósfera de fin del mundo: los atascos de tráfico, para mayores señas, son tan descomunales que parecieran ya anunciar una paralización total de la urbe, un escenario apocalíptico en el que los coches ya no avanzan hacia ningún lado y nadie puede tampoco llegar a ninguna parte. En ese futuro catastrófico se dibuja también el paisaje de una metrópoli en la que ya no hay agua y en la que, al mismo tiempo, ocurren pavorosas inundaciones por el imparable hundimiento del suelo: no sólo las tuberías del drenaje necesitan ahora un mantenimiento urgentísimo sino que las que llevan agua potable pierden también millones de litros, un desperdicio verdaderamente criminal. La constante extracción de líquido de las profundidades ha alterado fatalmente los cimientos de la ciudad. Y, bueno, la contaminación de la atmósfera, sobrecargada de dañinas partículas y gases nocivos, viene a ennegrecer todavía más el panorama de una de las aglomeraciones urbanas más importantes del mundo y, para la economía nacional, el espacio donde se genera, ni más ni menos, el 17 por cien del Producto Interno Bruto.

Esta urbe de colosales problemas y retos que parecen imposibles de solucionar es, a la vez, un territorio fascinante, un universo rebosante de dinamismo: los habitantes de la megalópolis tal vez no lo advierten ellos mismos pero habitan un ámbito privilegiado y constituyen una sociedad moderna, abierta, tolerante, sofisticada y jubilosamente inconforme. Y, en estos momentos, esos capitalinos que jamás te ceden un espacio cuando vas conduciendo el coche y que tan poca urbanidad suelen exhibir en sus modos, se han trasmutado en una especie generosa y solidaria. La tragedia los ha transformado. De pronto, representan lo mejor de nosotros: ahí, en su resplandeciente nobleza, es donde quisiéramos reconocernos todos los mexicanos. Pero, uno no puede dejar de preguntarse por qué esa naturaleza sublime, que está ahí, no nos ha llevado todavía a ser una gran nación, bondadosa y fraterna todo el tiempo...

revueltas@mac.com

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