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Lunes , 18.06.2018 / 16:35 Hoy

Política Irremediable

Rodeados de fieras peligrosas

Román Revueltas Retes

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A propósito del arbitraje cuando juega nuestra Selección, alguien escribía, el otro día, que los mexicanos nos quejamos amargamente cuando el juez en la cancha nos pita infundadamente en contra, lo cual es perfectamente entendible, pero que tampoco parecemos nada satisfechos cuando las decisiones nos favorecen. O sea, que nunca estaríamos contentos, de nada ni con nada. Pues, más allá de que la observación pretenda perfilar una suerte de rasgo colectivo, no estoy enteramente de acuerdo: creo, más bien, que lo que en realidad nos molesta es la injusticia y que al percibir —fundada o infundadamente, porque muchas de nuestras apreciaciones resultan de la subjetividad— que se está perpetrando una atropello es cuando reaccionamos con enojo. Ahora bien, es innegable que vivimos tiempos de exagerado enfurecimiento y generalizada exasperación. La sentencia, por más aviesamente interesada que pueda ser, de que “México se está cayendo a pedazos” no encontraría ecos en nuestra sociedad si no estuviéramos impregnados de ese espíritu tan negativo como denostador. Y quienes escribimos columnas de opinión nos encontramos también en el planeta de los quejosos: no hay casi manera de sustraerse del clima destructivo en el que se solaza tantísima gente y que, curiosamente, pareciera referirse a un país que ninguno de nosotros habita sino que está poblado por extraterrestres, previamente desembarcados del espacio exterior que, ellos sí, serían los corruptos y los asesinos.

Los números que ponía Carlos Puig en su columna de ayer son absolutamente estremecedores: en 15 años, se han cometido 220 mil asesinatos en México. Casi un cuarto de millón de muertes, señoras y señores. Pero, miren ustedes, en las cárceles hay poco más de 10 mil detenidos por homicidio. Descartando que algunos de estos presidiarios hubieran matado a más de una persona, ¿dónde diablos están los otros 210 mil asesinos? La respuesta es punto menos que escalofriante: están aquí, al lado, entre nosotros, se sientan en la mesa de junto del restaurante o en la fila de delante en el cine. El simple hecho de imaginar esta realidad nos lleva a la más perentoria de las exigencias: hay que rehacer totalmente la casa de la justicia en este país. Pero ya, ahora mismo.

revueltas@mac.com

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