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Martes , 17.07.2018 / 16:55 Hoy

Política Irremediable

Pagamos muchos impuestos… ¿A cambio de qué?

Román Revueltas Retes

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Los mexicanos trabajan más que la gente de los países desarrollados: independientemente del hecho de que se desempeñen en un sistema cuya ineficiencia e improductividad necesitan de interminables horas de quehacer —bajo el signo, además, de una tramitología tan absurda como asfixiante—, la mera precariedad de los sueldos que reciben los obligan a agenciarse varias ocupaciones. Y así, el multiempleo es un fenómeno casi inseparable del trabajador nacional, lo mismo que esas jornadas de trabajo excesivas que, por repercutir directamente en la vida familiar y en el bienestar básico de las personas, terminan por tener un impacto social muy negativo: en lugar de habitar una tierra de acogedoras convivencias entre padres e hijos, afrontamos el hostil territorio de las ausencias y los abandonos. Habrá que preguntar a sociólogos y psicoanalistas si la semilla de la delincuencia no está ahí, en esos hogares nuestros donde los chicos crecen sin conocer las bondades de la convivencia familiar y el cobijo de unos padres presentes, aparte de acompañadores.

Pero, hay algo más: resulta que —por poco que se haya registrado como contribuyente y, en consecuencia, ser irreversiblemente vigilado por los sabuesos del temible Servicio de Administración Tributaria— ese ciudadano que, digamos, trabaja en un organismo gubernamental por las mañanas y que, luego, por las tardes, se rompe el lomo en una lonchería o cualquier otro pequeño changarro, termina destinando prácticamente la totalidad de uno de sus dos emolumentos para solventar la aplastante carga fiscal que sobrellevan los pagadores de impuestos en este país.

Una tasa del 30 por cien en el impuesto sobre la renta se está volviendo algo muy acostumbrado aquí, lo cual, en principio, sería una cosa muy buena. Ocurre, sin embargo, que los mexicanos que pagan impuestos son una minoría; en segundo lugar, que esos gravámenes no se administran con honradez ni de manera eficaz; y, terceramente, que los recursos que los ciudadanos destinan a tratar de abastecer las desprovistas arcas del Estado serían mucho más provechosos si se gastaran en el mercado, impulsando el crecimiento económico, en vez de servir para los dispendios de los partidos políticos y otros escandalosos despilfarros. Pues eso.

revueltas@mac.com

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