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Lunes , 22.10.2018 / 21:04 Hoy

Política Irremediable

¿Majaderos, aparte de mentirosos?

Román Revueltas Retes

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Que alguien mienta alguna vez —por conveniencia, por cálculo o hasta por simple prudencia— no significa que no se le pueda ya creer nada y en ningún momento. La diplomacia, esa gran herramienta que usan los Estados en sus relaciones internacionales, se sustenta, las más de las veces, en ocultamientos, simulaciones, artificios y deliberados engaños (pero, además, nadie tiene tampoco por qué saberlo todo del prójimo porque la privacidad es una de las grandes prerrogativas del individuo soberano). Y, ¿a qué lleva, la antedicha diplomacia? A acuerdos, a arreglos, a alianzas y pactos. O sea, que es una cosa beneficiosa, otra de las manifestaciones de las bondades del proceso civilizatorio: ya no nos partimos la cara a garrotazos, miren ustedes, sino que nos sentamos a negociar, pretendemos darle la razón al otro, así sea en los temas que no nos importan realmente y, al final, conseguimos algo.

Curiosamente, han aparecido, en el escenario de lo público, algunos personajes que parecieran jactarse abiertamente de su intransigencia y que exhiben con descarado engreimiento su tosquedad de machos iracundos, su rústica violencia y sus malas maneras: Obrador se equivocó al creer que su "cállate chachalaca" le iba a agenciar buenos rendimientos pero, qué caray, a Donald Trump le funciona la receta, por lo menos para obtener los votos de los delegados en el enredoso sistema de asambleas electivas que tienen los estadounidenses. Ya luego veremos si sus bravatas lo llevan a conquistar lo que de veras cuenta, la presidencia de los Estados Unidos de América. Por ahora, se está saliendo con la suya.

Ahora bien, estos sujetos no son en manera alguna modelos de honestidad pero lo que parece gustar cada vez más al respetable público es su declarada rudeza, su descomedimiento y su petulancia. En este sentido, se conectan a la perfección con el desencanto colectivo por la democracia y sacan partido del hecho de que la gente ya no le quiera creer a nadie del "sistema". Sí, es cierto que el "aparato" es imperfecto, que hay corrupción, que los cambios son lentísimos y que la desigualdad es insostenible. Pero, por favor, lo que menos necesitamos es que nos tutelen esos presuntos justicieros. Digo, ¿majaderos y feroces, aparte de engañadores como cualquier otro? No, señor, para nada...


revueltas@mac.com

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