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Domingo , 22.07.2018 / 10:01 Hoy

Política Irremediable

En las guerras suele morir la gente, oigan…

Román Revueltas Retes

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Les tengo una buena noticia, sufridos lectores: vivimos la época más pacífica de toda la historia de la humanidad. Naturalmente, hay conflictos bélicos en muchas partes del mundo pero la violencia, en comparación a otros tiempos, ha disminuido grandemente: hoy día, la probabilidad de morir en el frente de batalla, de ser quemado en la hoguera, ejecutado en una plaza pública o asesinado por el cazador de la tribu vecina es mínima.

Muy bien, habiendo sentenciado esta realidad —y para intentar congraciarme con los adeptos al catastrofismo, que son legión (y que, si es que siguen leyendo estas líneas, deben estar ya indignadísimos de que un escribidor les suelte un dato positivo)— añado, sin mayor aplazamiento, la obligada mala noticia: en México estamos en guerra. Sí, señoras y señores. Y, no lo digo yo sino que lo acabo de leer en la Internet: se me ocurrió teclear “guerra en el mundo hoy” para, justamente, cotejar los diferentes informes y testimonios sobre la reducción global de la barbarie, y me aparece, en un anexo de la Wikipedia sobre las guerras y conflictos actuales, el nombre de nuestro país: a la lista donde figuran la Guerra Civil Siria (con 470 mil víctimas), la Guerra Civil Somalí (500 mil) y la reciente Guerra contra el Estado Islámico (90 mil), se añade una tal “Guerra contra el narcotráfico en México”, comenzada en 2006, cuya estimación de víctimas es punto menos que espeluznante: 350 mil.

Llamémosla la “Guerra de Calderón”, o como ustedes quieran, pero es un enfrentamiento entre las fuerzas del Estado mexicano y las organizaciones criminales (aunque no hay que soslayar el hecho de que una enorme parte de las bajas resulta de los choques entre las bandas por el control de los territorios). Así las cosas, me permito meramente puntualizar que las guerras tradicionales están normadas por las reglas acordadas en las Conferencias de La Haya (de 1889 y 1907). Ahora bien, los sicarios de los cárteles no respetan en lo absoluto esas leyes: torturan a sus adversarios capturados, los ejecutan luego de arrancarles los ojos (Michoacán, 2009), en fin. Pero, miren ustedes, cuando nuestros policías y soldados terminan por matar a esos canallas (digo, es una guerra, ¿o no?), la CNDH arma un escándalo morrocotudo. De los agentes federales torturados no dice… ni pío. Ah…

revueltas@mac.com

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