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Viernes , 20.07.2018 / 21:33 Hoy

Política Irremediable

Empresarios antipáticos

Román Revueltas Retes

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Desde siempre he escuchado denuestos contra los empresarios, expresados en un discurso que denuncia tanto la inmisericorde explotación de los trabajadores como la naturaleza esencialmente indecorosa del lucro. Es parte de esa cultura nuestra que, a diferencia de la estadounidense, no se acomoda a la realidad de que ganar dinero y hacer negocios es algo perfectamente legítimo.

Es cierto que el capitalismo a la mexicana nunca ha estado lo suficientemente regulado, que nuestra economía —intervenida ancestralmente por un Estado tan confiscatorio como clientelar y corporativista— nunca ha sido realmente de corte liberal (y esto, a pesar de las jeremiadas de quienes condenan las políticas que nos hubiera impuesto el “neoliberalismo”) y que, en un sistema sin las debidas certezas jurídicas, la suerte de millones de obreros y empleados está fatalmente marcada por la precariedad de los salarios, por no hablar de esos otros millones de conciudadanos condenados a la pobreza.

Pero, hay una contradicción esencial cuando el repudio a la riqueza se acompaña del paralelo deseo personal de tener más dinero. A lo mejor lo que se resiente es opulencia de los otros siendo que uno mismo jamás ha tenido la menor oportunidad de satisfacer siquiera las necesidades más elementales. Ese rencor, además, se nutre de una ancestral desconfianza en un sistema, como el nuestro, en el que el simple espíritu emprendedor de un individuo particular no basta para que pueda abrirse paso porque aquí lo que más importa son las conexiones y los enchufes con el poder político. ¿Quieres abrir una tortillería en tu barrio? Pues, para empezar, te ponen mil trabas burocráticas: tienes que soltar las consabidas mordidas a toda suerte de intermediarios, agentes, inspectores y empleados públicos. Al final, resulta que el amigo, el compadre o el familiar del funcionario de turno es quien se beneficia de los permisos y de las conexiones, digamos, con los distribuidores de maíz. Esto, ¿es capitalismo? No. Esto es la incautación de los bienes que produce el mercado por una minoría abusiva. Por eso, por esta aberrante distorsión de las reglas más elementales, es que en México no se crea más riqueza. Volviendo a lo de los empresarios, algunos de ellos son unos auténticos supervivientes: logran adaptarse a un medio totalmente hostil a los negocios. Pero, ni así despiertan nuestras simpatías.

revueltas@mac.com

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