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Lunes , 24.09.2018 / 05:08 Hoy

Política Irremediable

Disminuye la pobreza y crece el enojo

Román Revueltas Retes

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¿Funciona el capitalismo? La pregunta tiene cada vez más sentido en unos tiempos marcados por la creciente insatisfacción de los ciudadanos. Pero, ese descontento no parece estar relacionado de manera directa con las cifras y los datos económicos globales: según el Banco Mundial, menos del diez por cien de la población de este planeta vive ahora en pobreza extrema, por vez primera en la historia de la humanidad. ¿Entonces?

Al mismo tiempo, los salarios reales de la clase media han caído en los Estados Unidos: en la década de los años sesenta, nuestros vecinos podían comprar una casa con poco más del doble de sus ingresos anuales promediados (ganaban unos 5 mil dólares y una vivienda costaba poco más de 11 mil). En 2014, el ingreso familiar promedio era de 51 mil dólares y para adquirir un coche debían gastar 31 mil. El costo de una casa, mientras tanto, era del cuádruple de las ganancias anuales. A esta gente, afectada por una pérdida real de su poder de compra, le tiene sin cuidado el hecho de que haya menos pobreza extrema en el mundo. Si se aparece un Donald Trump en el horizonte y le promete que “America” va a recobrar la grandeza del pasado, es muy probable que le vaya a dar su voto.

El escritor Michel Houellebecq, en una entrevista del diario El País, señala que ya solo los ricos viven en los centros de las ciudades francesas y que los demás habitantes han debido trasladarse a una periferia donde “la vida se ha vuelto muy dura”. Una existencia, lo sabemos, de desempleo y falta de oportunidades. De nuevo, asoma la cabeza una populista de derechas como la señora Le Pen, denunciando las carencias del “sistema” y culpando a las instituciones europeas de todos los males (entre ellos, la inmigración y la consecuente pérdida de la “verdadera” identidad nacional), y recibe el apoyo electoral de millones de ciudadanos.

Aquí, vivimos la perniciosa dicotomía de un país que se mueve a dos velocidades: somos el primer consumidor de artículos de lujo de toda América Latina y el cuarto exportador de automóviles del planeta, a más de tener un sector agropecuario portentosamente productivo. En Aguascalientes, en Guanajuato y en Querétaro —entre otras de las entidades que marchan bien en este país— florece la economía de mercado. En otros lados, nos queda muy claro que no funciona el capitalismo. Pero, miren ustedes, también ha disminuido, a pesar de todos los pesares, la pobreza extrema. ¿Podríamos darle una mínima importancia a este dato?

revueltas@mac.com

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