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Domingo , 16.12.2018 / 07:31 Hoy

La Semana de Román Revueltas Retes

Pasarela de candidatos panistas: pros y contras

Román Revueltas Retes

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¿Han ido a Puebla recientemente, estimados lectores? Pues, por lo pronto, la capital de ese estado libre y soberano de nuestra Federación se ha trasformado espectacularmente: con un Centro Histórico preservado de espléndida manera y una periferia rebosante de espacios comerciales, autopistas, instalaciones industriales y rascacielos, la ciudad conjuga lo mejor del pasado con un presente de pujante modernidad. Gobernaba allí Rafael Moreno Valle que, como cualquier otro jefe de un Ejecutivo estatal, generó las consabidas polémicas: más allá de asuntos como el aumento de asesinatos de mujeres durante su mandato o el desafortunado desenlace que tuvo su iniciativa de regular el uso de la fuerza pública —intereses políticos desvirtuaron deliberadamente el objeto primordial de la propuesta de ley, luego de los disturbios ocurridos en San Bernardino Chalchihuapan en los que murió un niño—, los modos imperiales del gobernador enfadaron a muchos poblanos. Suponemos, a pesar de todo, que de alguna manera habrá influido el hombre en el impresionante desarrollo de su entidad y ahí queda de todas maneras la infraestructura realizada durante su gestión. En estos momentos, lo interesante es que Moreno Valle es uno de los competidores en la carrera para ser el candidato del Partido Acción Nacional a la presidencia de la República y, en este sentido, su palmarés es innegablemente sólido: licenciado en Economía y Ciencias Políticas por el Lycoming College de Williamsport, Pensilvania, Estados Unidos; doctor en Jurisprudencia por la Boston University; vicepresidente para América Latina del Dresdner Bank; secretario de Finanzas del Gobierno de Puebla; diputado federal; diputado local; senador; mandatario estatal…

Muy bien, veamos el perfil de los otros aspirantes: figura, en el primer lugar de las preferencias de los ciudadanos interrogados en las encuestas, doña Margarita Zavala, cuyas credenciales panistas serían, de entrada, mucho más fidedignas en tanto que jamás de los jamases ha estado en las filas del Partido Revolucionario Institucional, a diferencia de Moreno Valle, y cuya militancia blanquiazul sería inclusive más antigua (dicen) que la de su mismísimo señor marido quien, como ustedes saben, antecedió a Enrique Peña como presidente de Estados Unidos (Mexicanos). Este hecho, el de haber sido y seguir siendo mujer de un antiguo primer mandatario, le pudiere restar puntos aunque, miren ustedes, la aceptación de Felipe Calderón, pocos meses antes de dejar el cargo, alcanzaba el 58 por cien entre los sufridos habitantes de este país. Es abogada por la Escuela Libre de Derecho, fue diputada en la Asamblea Legislativa del extinto Distrito Federal, diputada federal, por representación proporcional, en la LIX Legislatura, y ha tenido diversos cargos en el PAN, además de participar en acciones para fortalecer la equidad de género y de ser uno de los miembros fundadores de la Junta de Gobierno del Instituto Nacional de las Mujeres. Su aceptación pública viene, muy seguramente, del papel discreto y sensato que desempeñó como primera dama de la nación. Tuvo ahí, además, una muy determinante presencia en los medios nacionales de comunicación lo cual ha ayudado a que su tasa de reconocimiento entre los posibles votantes sea bastante elevada. Según algunas encuestas, se encuentra apenas tres puntos por debajo de López Obrador quien, con un 30 por cien de aceptación, ocupa el primer lugar en las preferencias ciudadanas. En lo que se refiere estrictamente al estilo personal, algunos conocidos me han comentado que les irrita el tono de voz calculadamente bondadoso y ñoño que comenzó a utilizar en algún momento de sus apariciones públicas. Otros, hablan pura y simplemente de su falta de trayectoria.

Queda un tercer competidor, señoras y señores, que iría por todas sin el menor empacho y que, en su condición de jefazo del PAN, tendría los ases bajo la manga. Pero, deberíamos hacer aquí una aclaración, creo yo: el PAN es prácticamente el único partido político mexicano en el cual las elecciones internas no resultan de decisiones tomadas verticalmente. Vamos, el candidato de Fox era Santiago Creel y quien se llevó la nominación fue un Felipe Calderón que, por si fuera poco, adoptó el apodo de “El hijo desobediente”. El marido de Margarita, a su vez, apoyó a Ernesto Cordero pero la ganadora fue Josefina Vázquez Mota. Naturalmente, no estamos hablando de los designios que pudieren haber tenido los presidentes del partido, en ambas ocasiones, sino de los objetivos que perseguían… ¡los presidentes de México! Y, ahora mismo, no gobierna un panista sino un Peña Nieto que, ahí sí, tendrá el peso determinante en ese PRI en donde, luego de los acuerdos tomados en su última asamblea, no se escuchará absolutamente ninguna voz disidente cuando el dedo del verdadero Jefe Máximo designe a su posible sucesor. No sabemos, por su parte, qué tan lejos ha llegado Ricardo Anaya en su trabajo de proselitismo con las bases y cuántos apoyos haya logrado entre los jerarcas del PAN. Aparece, a primera vista, como el aspirante que le va a arrebatar la candidatura a los otros. Y, bueno, méritos no le faltan: es un tipo brillante —sus tres títulos universitarios, licenciatura, maestría y doctorado, los obtuvo con mención honorífica— que articula muy bien su discurso y que se expresa con una ejemplar claridad. Fue también diputado local y luego, en la LXII Legislatura, fungió como presidente de la Cámara. Se le imputa una traición a Gustavo Madero (para como son las cosas en la política, estamos hablando de una cualidad) y se le tacha de desmesuradamente ambicioso (otro atributo, diría yo). Su juventud sería igualmente un pecado. En fin, ustedes dirán. Que corran las apuestas…

revueltas@mac.com

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