• Regístrate
Estás leyendo: Obrador, Trump, Francisco…
Comparte esta noticia
Viernes , 19.10.2018 / 02:32 Hoy

La Semana de Román Revueltas Retes

Obrador, Trump, Francisco…

Román Revueltas Retes

Publicidad
Publicidad

La existencia de simpatizantes de Obrador nos resulta un tanto inquietante a aquellos de nosotros que, habiendo precisado los rasgos particulares del personaje —su desmedido egocentrismo, su interesada explotación de un doble discurso, su incurable esencia cripto-priista, su populismo izquierdoso prometedor de conquistas sociales irrealizables, su intolerancia a la crítica (lo cual nos anuncia la instauración de un régimen represivo que acallaría la libertad de expresión en caso de que ocupara la silla presidencial), su calculada estrategia divisionista para enfrentar a los mexicanos, su consustancial victimismo para aparecer como el sempiterno perseguido de los "ricos y poderosos" de este país, su insolencia, su estudiada belicosidad, su oscuro conservadurismo, en fin—, tememos su llegada al poder. El hombre, sin embargo, cuenta con millones de seguidores: además del apoyo del pueblo bueno, se ha ganado la adhesión de intelectuales y artistas. Incansable trabajador, ha recorrido la práctica totalidad del territorio nacional en una permanente campaña de proselitismo que dura ya diez años y que, en 2006, lo llevó a las puertas de la Presidencia de la República, lo cual nos habla del indudable apoyo social que tiene. Tantas son sus potestades que ha logrado hacerse de un partido político a modo, con representación en la Cámara baja (doce diputados) y en la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México (20 representantes) y, desde luego, con esos beneficios que tan generosamente otorgan nuestras leyes sirviéndose de los bolsillos de los contribuyentes. O sea, que es innegable el hecho de que el principal líder opositor de la nación mexicana cuenta con eso que llamamos una "base social".

Ahora bien, el Obrador más posiblemente arbitrario o extravagante no se compara ni lejanamente con otro sujeto, de nombre Donald Trump, quien, siendo un individuo a quién podríamos calificar de desaforadamente peligroso, recibe, él también, el apoyo de millones de seguidores. Naturalmente, ambos centran "su discurso en la demolición del poder político y en el resentimiento social, apropiándose del sufrimiento de los débiles y prometiendo todo lo imposible", citando aquí las palabras escritas por Mariano Rajoy en el diario El País, el pasado jueves, a propósito de ese tal régimen "bolivariano" de Chávez-Maduro que mantiene en prisión al opositor Leopoldo López (el artículo es estupendo y es una lástima que se deba a la pluma de un político que solapa cínicamente las corruptelas de sus correligionarios del Partido Popular). Y es interesante que se pueda advertir la aplicación de la receta tanto en los populistas de izquierda como en los de derechas. Pero, si la posible política pública —y su verdadero propósito— del antiguo alcalde de la Ciudad de México fuere subsidiar "a la población para crear un electorado anestesiado, agradecido y estable, a disposición del poder político" e instaurar, de paso, "una cultura que promueve el conformismo, el resentimiento y la sumisión a lo fácil", sus propuestas nunca han ido tan lejos como plantear la expulsión de los extranjeros o, digamos en nuestro caso, la edificación de un muro en la frontera con Guatemala. Trump, por el contrario, ha atravesado despreocupadamente todos los límites y, explotando los más oscuros y remotos temores de los humanos —más allá del rencor social, del enojo de la gente, del descontento con la clase política tradicional y de la incertidumbre de los ciudadanos en las actuales sociedades— convoca a todo un país a que se remonte a los tiempos de la más cerril intolerancia, a que ponga su reloj a la hora del odio racial y que legitime prácticas de crueldad que son totalmente inaceptables en una democracia. En este sentido, la mera realidad de que millones de estadounidenses sigan a Trump resulta punto menos que asombrosa y viene alcanzando la categoría de una verdadera revelación: ¡Un individuo despótico, irrespetuoso, arrogante, irresponsable, amenazador y temerario le resulta atractivo a los votantes de un país que parece civilizado!

Si la paralela existencia de sectores de la población que apoyan a Obrador me parece, en lo personal, un tanto inquietante —y esto no sólo por la recurrente sorpresa de descubrir que hay gente que no piensa como uno sino, como decía al comienzo de estas líneas, por los propios atributos de un líder político a quien sus detractores califican de "mesías tropical"— entonces la presencia masiva de seguidores de Trump, en tanto que fenómeno comprobable, tendría que resultarnos absolutamente aterradora a todos. ¿De qué estamos hablando? ¿Es ignorancia? ¿Es una muestra de la barbarie encubierta de un pueblo que sigue siendo esencialmente rústico a pesar de los avances tecnológicos y la riqueza material? ¿Es una manifestación de la insatisfacción de la gente? ¿Se deriva de la búsqueda de certezas, así de brutalmente como puedan ser formuladas, en un entorno de incertidumbre?

En espera de que sociólogos proporcionen un retrato más preciso de la nación norteamericana ante el fenómeno Trump, el resto del mundo observa los hechos con total estupefacción. El papa Francisco, en el vuelo de retorno a la Ciudad Eterna, declaró que no puede ser cristiano quien levanta muros en vez de tender puentes y, aunque luego el vocero del Vaticano saliera a precisar que el enunciado no iba dirigido al aspirante puntero del Partido Republicano (en el momento de escribir estas líneas, con el uno por cien de los votos escrutados en las asambleas electivas de Carolina del Sur, Trump iba a la cabeza con 33 puntos, seguido por Marco Rubio a diez unidades de distancia), las palabras de Sumo Pontífice deberían de tener una decisiva resonancia en el corazón de quienes siguen a un individuo tan grotesco y siniestro. Pero, no nos podemos hacer demasiadas ilusiones: Francisco nos habló también a los mexicanos y muchos de aquellos a quienes iba dirigido el mensaje todavía no se dan siquiera por enterados.


revueltas@mac.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.