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La Semana de Román Revueltas Retes

Gran restauración nacional del antiguo priismo

Román Revueltas Retes

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El desprestigio de la política es total. Al mismo tiempo, los mexicanos acabamos de otorgarle poderes absolutos a… un partido político. Explíquenme ustedes cómo es que Morena ha acaparado ahora los espacios que el PRI ocupó durante décadas enteras en la vida pública de este país.

Los votantes acaban de expresar categóricamente su repudio al “sistema”. Muy bien. Pero ¿de qué estamos hablando? ¿Del rechazo a un presidente de la República que, con perdón, no ha sido demasiado diferente a sus antecesores y que, aunque la mayoría de la gente no lo sepa o no lo recuerde, es incomparablemente mejor que aquellos priistas a la antigua del pelaje de un Luis Echeverría o de un José López Portillo, perpetradores de colosales crisis económicas y detentores de un desmedido poder personal?

Enrique Peña no tuvo absolutamente nada que ver con las atrocidades cometidas en Iguala, por más que se le quiera imputar la desaparición de los 43 jóvenes de la escuela normal de Ayotzinapa. Y, si hubiere sido “el Estado”, como señalan las pancartas exhibidas en las incesantes manifestaciones y las pintadas de los agitadores en los muros de edificios gubernamentales y las paredes de nuestros monumentos históricos, entonces deberían de ser liberados esos sicarios de la organización criminal Guerreros Unidos cuya culpabilidad está más que probada (aunque ellos recurran a la muy socorrida simulación, auténtica especialidad de los criminales en estos tiempos, de que fueron “torturados” para confesar delitos que no cometieron). ¿Eso quiere la gente, que los dejen en libertad?

En lo que toca a las políticas públicas llevadas a cabo por la actual Administración, ¿son de veras tan abominables las reformas estructurales implementadas en este sexenio? ¿No está bien que más de 200 mil maestros hayan obtenido un puesto a través de un examen en lugar de que les fuera otorgado arbitrariamente por ser parientes de algún cacique sindical o, peor aún, vendido? ¿No hubieran debido ser recuperadas 40 mil plazas docentes ocupadas por aviadores y que le costaban cinco mil millones de pesos al año a la nación mexicana? ¿No fue una gran cosa que 100 mil profesores participaran en la elaboración de nuevos planes educativos? ¿Hay que echar abajo todo esto para volver a las prácticas de antaño, es decir, para que los dineros presupuestados por el Estado para la educación sean manejados por líderes corruptos de organizaciones desaforadamente mafiosas? ¿Impugnar al denostado PRIAN en las urnas termina por volverse entonces una validación de los espurios provechos de una minoría en vez de servir para salvaguardar los intereses superiores de la niñez mexicana?

La otra reforma repelida, con el argumento de que se “entregan los recursos naturales” a intereses privados y de que el sector energético es uno de los pilares de la “soberanía nacional”, va a atraer inversiones por 200 mil millones de dólares a este país, dinero que Pemex no sólo no tiene para explorar nuevos yacimientos o para explotarlos después sino que necesitaría de manera urgentísima para pagar meramente sus descomunales deudas. Y sí, es cierto que estamos hablando de “grandes negocios” —justamente los que denuncian los opositores— pero también podríamos señalar que la gran corporación petrolera no ha logrado tener unos mínimos niveles de rentabilidad en su condición de empresa estatal. ¿El rechazo a la llegada de capitales privados se va a traducir en una fatídica condena a estar como hemos estado durante tanto tiempo, a seguir siendo un país incapaz de aprovechar siquiera su gran “renta petrolera nacional” para combatir la pobreza y alcanzar mayores niveles de desarrollo? Nuevamente, ¿ése es el mensaje que quisimos enviar el día de las votaciones?

En fin, por una razón u otra —por parecerles a los ciudadanos de este país que el nuevo aeropuerto internacional no debería de construirse, por simpatizar con la CNTE, por expresar su gran enojo con los actuales gobernantes, por estar en contra de la inversión extranjera, por no querer “entregar” nuestra riqueza petrolera al capital privado o por creer que todo va a cambiar, ahora sí, luego de unos reinados del PRIAN marcados por la corrupción y la inseguridad—, un partido político se erige como el supremo ganador de las pasadas elecciones y su máximo dirigente se apresta ya a ejercer un enorme control en todos los ámbitos de la vida nacional: habrá una intervención directísima del poder central en cada una de las entidades federativas, el Congreso bicameral estará enteramente subordinado a los designios del Ejecutivo, los presupuestos serán gestionados con criterios políticos y las acciones sociales no estarán encaminadas a generar simples beneficiarios sino clientelas.

Tendremos así lo más parecido al sistema priista de antaño, por obra y gracia de unos electores enfadados. Dicho en otras palabras, nadie sabe para quién trabaja. Ah, y bien que podrá durar unos 70 años el experimento. Preparémonos, pues. Desde ya.

revueltas@mac.com





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