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Viernes , 25.05.2018 / 19:57 Hoy

La Semana de Román Revueltas Retes

Devastador "fuego amigo" en el PAN

Román Revueltas Retes

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En el Partido Acción Nacional se quejan de que sus adversarios políticos han lanzado, desde ya, una descarnada campaña de desprestigio. Hubiera comenzado pues la batalla para ganar unas elecciones, las intermedias de 2015, que habitualmente no favorecen al partido en el poder pero que, en esta ocasión y vistas las cosas, pudieran muy bien acrecentar la representación del PRI en la Cámara Baja, los Congresos locales y las gubernaturas de nueve estados de la Federación.

Y, en esa guerra, según vemos, todo valdría: escuchas telefónicas, filmaciones clandestinas, denuncias de corruptelas y demás. Curiosamente, casi nadie cuestiona la legalidad de unos métodos —como el de grabar conversaciones privadas, o festejos, y revelarlos luego públicamente— que son absolutamente inaceptables porque el ámbito personal de los individuos soberanos debiera ser absolutamente inviolable. Pero, ya sabemos que la práctica de ofrecer información a los sedientos consumidores de contenidos en las redes (cualesquiera que sean éstos, desde las fotografías del cadáver de Robin Williams —enviadas, por si fuera poco, a la cuenta de Instagram de su hija Zelda— hasta las imágenes de algún famoso en una situación comprometedora, por no hablar de montajes tramposos y trucos) se ha vuelto una auténtica epidemia en una época, como la nuestra, donde la privacidad es un bien cada vez más amenazado.

Justamente, ¿qué vimos? Nada del otro mundo, señoras y señores. Lo que pasa es que vivimos también unos tiempos en los que, con la creciente posibilidad de inmiscuirnos abusivamente en la vida de los demás, no sólo nos sentimos con el derecho de juzgarlos sino que nos arrogamos la facultad de lincharlos en la arena pública. Y, en este sentido, la ferocidad de los usuarios de las famosas redes sociales sólo es comparable a la ignominiosa bajeza de quienes, amparados en el anonimato, aprovechan el infortunio ajeno para ensañarse todavía más con quienes, en esa inevitable indefensión que implica tener una cuenta de Twitter o de Facebook, no pueden esquivar los despiadados mensajes que reciben.

No es precisamente el caso de los panistas que bailaban alegremente con unas chicas muy desenvueltas, luego de una reunión partidista para discutir los temas de la reforma energética, en una casa en Puerto Vallarta. Ahí, nadie repartía fajos de billetes como en la filmación que se le hizo al señor Bejarano ni tampoco ninguno de ellos departía con un peligroso narcotraficante como revela el video donde aparece el hijo del gobernador de Michoacán con Servando La Tuta Gómez Martínez. Si la conducta de estos legisladores puede parecer condenable, más allá de la oleada de mojigatería e intimidante corrección política que estamos padeciendo —y más allá, también, de la malsana curiosidad que exhiben los usuarios de las redes sociales—, es porque son precisamente ellos, los militantes del PAN, quienes, en su condición de emisarios de un partido conservador, son los primerísimos en censurar el “desenfreno” de todos los demás, de satanizar el uso del condón, de persignarse cada que toca, de negar derechos ciudadanos a los homosexuales y de sacralizar el modelo de la “familia tradicional”. En este sentido, no debieran ejercer, ni en público ni en privado, esas prerrogativas que tan despreocupadamente ejecutamos los mexicanos liberales, tan jaraneros y tan licenciosos que somos, sino sujetarse a unas costumbres mucho más recatadas: nada de bailongos, de disipaciones ni de libertinajes. Lo repito: han sido ellos quienes, blandiendo el crucifijo, nos han lanzado primeramente las admoniciones. Y, naturalmente, han rodado las cabezas de Alberto Villareal, un estupendo operador parlamentario muy cercano a Gustavo Madero, y Jorge Villalobos, su segundo de a bordo, entre otros posibles damnificados.

Lo más interesante es lo que ha ocurrido tras el suceso: ¿esos tales adversarios políticos que estarían presuntamente detrás de la filtración, han dicho algo? Digo, se supone que el Pacto por México está enterrado, que al PAN ya le exprimieron los priistas todo el jugo que podían y, como decíamos al comenzar estas líneas, que ya comenzó la guerra. Pues bien, el presidente nacional del PRI ni ha abierto la boca. Quién sí hablo, y bien fuerte, fue el ex presidente de México: denunció un “proceso de degradación moral, descomposición moral y corrupción” en su partido.

En política, según dicen, no hay casualidades. Este round, nos queda muy claro, lo ganaron los enemigos de Madero. Si los panistas siguen así, el PRI —enfrentando, en el otro flanco, a una izquierda irremediablemente dividida— va a ganar “caminando” (reutilizo descaradamente la expresión de un entrenador deportivo) las elecciones de 2015.

revueltas@mac.com

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