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Jueves , 18.10.2018 / 13:49 Hoy

La Semana de Román Revueltas Retes

¿A quién creerle?

Román Revueltas Retes

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Una pregunta: ¿se puede ser razonablemente liberal y mínimamente crítico —o sea, de izquierdas— sin gruñir, cada que toca, "fue el Estado, fue el Estado, fue el Estado"? No vivimos en el mejor de los mundos, es cierto, pero las carencias de nuestro sistema político y las imperfecciones de la democracia mexicana no debieran servir de pretexto para consagrar mentiras y propalar perniciosas invenciones. Nos encontramos, sin embargo, en una circunstancia que, justamente, refuerza la práctica de la falacia: expertos independientes, enviados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), han determinado que los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa no pudieron haber sido incinerados por los sicarios de la organización criminal Guerreros Unidos en el basurero de Cocula. Este veredicto no sólo contradice directamente las conclusiones de la Fiscalía de la nación sino que refuta también el veredicto de otros especialistas. ¿Quiénes? Guillermo Rein, perito del Imperial College de Londres; Elayne Juniper, de la Oficina Forense de Norfolk, en Estados Unidos, y John De Haan, criminalista californiano, experto en incendios y explosiones.

Pero, entonces ¿a quién creerle? Y, suponiendo que haya uno decidido aceptar la opinión autorizada de quienes sostienen que los 43 cuerpos sí hayan podido ser quemados en el vertedero, ¿cómo enfrentar la postura de José Luis Torero, perito peruano contratado por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes de la CIDH, quien sostiene que la incineración no tuvo lugar en Cocula? ¿No resulta intimidante pretender siquiera discrepar de los especialistas que ha enviado una institución cuyo nobilísimo propósito es denunciar los abusos perpetrados por el poder político? ¿No estamos hablando de un ente prestigiado, aparte de intachable, frente al cual nuestro Gobierno —por más que haya sido el primerísimo en haberle abierto las puertas y por más que exhiba un comportamiento perfectamente mesurado— aparece como el villano de una historia en la cual, por si fuera poco, se entretejen furiosas acusaciones, denuncias, sospechas e incredulidades?

El Gobierno de Enrique Peña, como tal, se encuentra prácticamente atado de manos frente a quienes desautorizan abiertamente a la Procuraduría General de la República (PGR). No puede cuestionar las inapelables conclusiones de la CIDH, no puede desacreditar al señor Torero y no puede querellarse contra un ente internacional que, hay que decirlo, realiza, las más de las veces, una encomiable labor. Es decir, no puede defenderse. Ha debido apechugar y resignarse a que le caiga encima una bomba de desprestigio. Tan sólo Tomás Zerón, el director de la Agencia de Investigación Criminal de la PGR, ha expresado su indignación de que se haya descalificado el meticuloso trabajo de incontables peritos, entre los cuales se encuentran especialistas de la UNAM.

Mientras tanto, como se ha dado el pistoletazo de salida, los detractores y denunciantes de siempre se solazan aún más en sus inculpaciones: un distinguido intelectual de izquierda escribe, en el diario El País, que "el procurador Murillo Karam, responsable de la investigación, presentó una tesis inverificable que llamó 'verdad histórica'. De acuerdo con su suposición, los estudiantes habrían sido llevados por miembros del crimen organizado [...] para ser cremados a la intemperie. Varios expertos consideraron imposible calcinar tantos cuerpos en esas condiciones...". Es decir, el Fiscal de la nación no hubiera ofrecido públicamente los resultados de una metódica investigación. No, señor. Presentó, de entrada, una "tesis inverificable". ¿Por qué? Porque lo dice el columnista. No hubo detenidos, no hubo declaraciones de los imputados, no es factible que los criminales hubieran hecho lo que siempre hacen: matar con infinita saña y crueldad a otros seres humanos. Y tampoco habló el antiguo procurador de pruebas periciales ni de investigaciones. No. Fue por "su suposición" que los estudiantes fueron llevados, ya muertos, al basurero. El escribidor supone que el procurador de la República declara por suponer cosas. Pero, no hay que dejar el texto ahí. Al final, Murillo Karam hubiera hecho "la más célebre de sus declaraciones, que dio lugar a un instantáneo hashtag: 'Ya me cansé' ". De nuevo, no es que el hombre llevara 36 horas sin dormir y que, harto de que reporteros distraídos y haraganes le hicieran una y otra vez la misma pregunta, soltara que estaba cansado. No, señoras y señores, hay que hacerlo aparecer como un tipo que se cansa de hacer su trabajo, que antepone su comodidad personal a sus cumplimientos para esclarecer tan espeluznante tragedia. Es evidente que el escribidor, como hacemos todos nosotros, ha hecho ya su elección. Y nos queda también muy claro que estos artículos tienen una gran resonancia en la prensa progresista del exterior. Es lo que se espera, precisamente, de aquellos individuos con un espíritu liberal y mínimamente crítico: la irrestricta condena al Gobierno de México. Punto. Otros ciudadanos no lo tenemos tan claro: la PGR, en su momento, pecó de omisión. No se puede decir, sin embargo, que tenga una estrategia de ocultamiento ni nada parecido. Por el contrario, ha hecho su trabajo para esclarecer las cosas. Naturalmente, esto es asunto de elegir a quién creerle. Pero, de música de fondo seguimos escuchando: "¡Fue el Estado, fue el Estado, fue el Estado...!".


revueltas@mac.com

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