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Interludio

Olvidémonos del orden público

Román Revueltas Retes

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Hay veces que miras al pueblo, reunido en las calles para expresar su descontento, y ese mero hecho de que esté ahí, reclamando sus derechos o denunciando los abusos del poder, te llena de una muy particular emoción. Es obligadamente fuerte, el sentimiento que resulta de reconocer la saludable rebeldía de tus semejantes frente a las imposiciones de un sistema que, de no haber enfrentado la progresiva insubordinación de la gente de a pie (y la censura de los espíritus ilustrados), mantendría, a estas alturas, prácticas como la tortura, la pena de muerte, la esclavitud o la descarnada explotación de los más pobres.

En otras ocasiones, sin embargo, las algaradas y las movilizaciones no te tocan ninguna fibra sensible porque adivinas, detrás, la mano de los intereses espurios y la intervención manipuladora del corporativismo, por no hablar de que muchas protestas resultan meramente del conservadurismo de una población que se resiste, casi por principio, al cambio.

Si nuestro país se encuentra ahora atenazado por la violencia criminal, los bloqueos y los motines no sólo agravan la atmósfera aciaga que vivimos sino que vienen siendo una manifestación, otra más, de la creciente descomposición social. Cerrar una autopista no afecta al “sistema” ni llena tampoco de culpabilidad a un “Estado represor” sino que fastidia, antes que nada, al resto de los ciudadanos. Y los mexicanos que viajan por carretera rumbo a Acapulco no son “burgueses” privilegiados (con perdón de la terminología trasnochada) sino, por el contrario, personas bien comunes porque los otros, los posibles “enemigos de clase”, viajan en avión.

Pero, estas reflexiones se las llevará el viento, ahora más que nunca, porque, justamente, ahora más que nunca está acojonado papá Gobierno después de que algunos de sus más impresentables representantes, en escandalosa complicidad con las bandas criminales, perpetraran una bestial atrocidad. La culpa del señor Abarca es colosal. O sea, que del orden público ni hablamos…

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