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Viernes , 25.05.2018 / 18:14 Hoy

Interludio

Más liberalismo, por favor

Román Revueltas Retes

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Así como pueda parecer de apresurada la relación que pretendí establecer ayer entre la pobreza y el desprecio por las leyes —que, encima, sería apenas uno de los factores que desalientan la creación de riqueza— es un hecho que si las autoridades de un país no ponen orden y no promueven la seguridad jurídica, entonces los empresarios y los inversores se irán a hacer negocios a otro lado.

El capitalismo, contrariamente a lo que piensan muchos de sus detractores, es un asunto de reglamentaciones, estatutos y, sobre todo, solidez institucional. Si no hay garantías para arriesgar capitales y comenzar una actividad comercial, entonces no puede tampoco existir un clima favorable para el crecimiento de la economía, el desarrollo y el empleo.

Con la idea de que la ganancia es inmoral y de que los patrones son meros explotadores, el Estado se metió a hacer negocios en la Unión Soviética, en Corea del Norte, en Cuba y, ahora mismo, en Venezuela. Y, ya vemos los resultados: escasez, malos servicios, derroche de recursos públicos, pobreza generalizada, nocivo centralismo, etcétera. Ah, y, de paso, como estos regímenes colectivistas decidieron no ser liberales en lo económico, pues entonces tampoco permitieron el menor asomo de pluralidad en lo político, por no hablar de que impulsaron una flagrante supresión de derechos y libertades individuales.

En México no hemos tenido jamás un sistema liberal —aunque, miren ustedes, el más grande de nuestros progresistas fue Benito Juárez, promotor, en sus tiempos, de los principios de la sociedad abierta— y, por el contrario, hemos padecido los excesos del corporativismo, entendido este como una política clientelar y asistencialista mediante la cual una élite minoritaria busca meramente agenciarse la adhesión de otros sectores. Es decir, nunca hemos vivido aquí una transformación que buscara abrir la economía —o sea, las ganancias y las oportunidades— a toda la gente. Y así, en un sistema excluyente programado para la salvaguardia de privilegios, el país sigue siendo escandalosamente desigual. ¿Hasta cuándo?

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