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Martes , 16.10.2018 / 19:06 Hoy

Deporte al portador

Y, ahora, la dura resaca futbolística

Román Revueltas Retes

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De pronto, ya nada más quedó un partido de futbol, el de hoy. El Mundial se evaporó, vamos. Hace apenas un mes, los aficionados teníamos por delante un auténtico festín de encuentros disputados por equipos de todas las proveniencias y comenzábamos a deleitarnos con una etapa de grupos en la que, para abrir boca, nos eran ofrecidos hasta cuatro partidos al día, una cuota absolutamente formidable. Digo, ¿cuándo ocurre algo lejanamente parecido en el universo futbolístico? ¿En qué otro momento del implacable transcurrir del tiempo podemos los amantes del balompié vivir una experiencia tan completa? ¿Cuándo es que se alinean los astros en el firmamento para propiciar parecido acontecimiento?

Pues sí, esto acontece cada cuatro años y ahora habremos de añadir a la espera casi seis meses más para volver a vivir la experiencia en el invierno de 2022. Por cierto, ¿a quién se le ocurrió que el mayor espectáculo deportivo de nuestra galaxia puede escenificarse en territorios castigados por climas extremos? Y, no lo digo por ningunear a los qataríes ni mucho menos —Groenlandia me hubiera parecido una opción igual de mala— pero, caramba, llegar al exceso de cambiar a la torera el calendario de una competición que se ha celebrado en las mismas fechas por decenios enteros para acomodarlo a la meteorología de los anfitriones me parece punto menos que una aberración. Es suculento negocio de Doña FIFA, ya lo sabemos, pero, caramba, hay que cuidar las formas.

Volviendo al tema de este Mundial, me parece que a los aficionados nos va a costar mucho esfuerzo tramitar la súbita privación de partidos trepidantes, emocionantes y deslumbrantes (tes, tes, tes —como acotaría el muy ocurrente Gil Gamés). Hablo del síndrome de abstinencia y no de otra cosa, señoras y señores: una amiga queridísima con la que he estado mensajeándome por WhatsApp a lo largo de todo el torneo resintió muy fuertemente la privación futbolística durante la jornada de descanso decretada al finalizar la primera ronda y no pude menos que identificarme de manera absoluta con ella en sus sentimientos de orfandad.

Pues, miren, ahora es definitivo esto: no hay mañana, ya no van a tener lugar unos cuartos de final ni nada. Ya se acabó. Peor aún, los aficionados mexicanos vamos a tener que recomenzar de cero el seguimiento del Tri, volver a ilusionarnos, especular una vez más con el mentado quinto partido, recorrer pacientemente el camino a la clasificación y, a lo mejor, someternos de nuevo a los modos del señor Osorio. ¡Qué largo parece el camino a Qatar!

revueltas@mac.com



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